Almudena Carracedo: «Las víctimas son las que deben decidir si quieren olvidar»

El olvido es un misterio. Uno nunca sabe por qué logra dejar atrás algunas cosas con suma facilidad, apartándolas rápido del camino a recorrer, mientras otras se quedan adheridas a la piel de forma perpetua. Es un misterio íntimo, en tanto que nosotros, individuos, nos diferenciamos los unos de los otros por nuestras formas de afrontar el olvido. Y aún así, pese a las distancias existentes entre cada persona, existe un lazo que las mantiene unidas: nadie puede olvidarse de una herida que todavía tiene abierta. Puede silenciarla, sí. Pero sigue escociendo al roce. Así que el problema es el silencio, y las heridas que agentes externos nos impiden lavar. Porque a ellos no les importa. Porque es El silencio de otros, que dirían los documentalistas Almudena Carracedo y Robert Bahar.

Ese es, de hecho, el título del documental que ambos estrenan este viernes. Una pieza audiovisual de extrema concreción y voracidad narrativa que se escurre por los sumideros de la pisada memoria histórica del franquismo. Un documental en el que llevan trabajando desde 2010. Hablamos con ella, con Almudena. «Estrenamos Made in LA en 2007 y nos pasamos tres años en la carretera enseñando el documental. Fue en 2010 cuando nos mudamos de una película a otra, fue ahí cuando empezamos a escribir subvenciones. Escribimos 95 y nos han dado 15. Fueron miles y miles de folios escritos que, además, nos ayudaron a pensar mucho la película». Ocho años más tarde, El silencio de otros está en cines.

«Yo lo llamo el legado. Este es el legado que nos deja nuestro pasado. La continuidad de las instituciones y de la impunidad es una sombra que planea todavía»

«Made in LA hablaba sobre la lucha de tres mujeres costureras por los derechos de los trabajadores inmigrantes en Los Angeles. Lo que pasa es que aquella película, al igual que ocurre con esta, al final se hace más grande. Y ya no estás hablando sobre las costureras, sino sobre el conjunto de los inmigrantes de Estados Unidos y, por extensión, de todo el mundo. A este documental le pasa lo mismo, porque ese es el tema: cómo conseguir tocar temas universales a través de enfoques personales«. En El silencio de otros, Almudena Carracedo y Robert Bahar dedicaron años de trabajo a acompañar a las víctimas del franquismo en su batalla por la recuperación de la memoria histórica. «Si tratas un asunto sólo a partir de la parte intelectual, te sale un discurso político. La única manera de universalizarlo es humanizar, hablar a través de los personajes. Vivimos sus experiencias, sus viajes y sus éxitos, pero estamos hablando de cosas mucho más universales como la memoria, el silencio y la reparación».

Todo ello, claro está, enfocado desde la visión tan controvertida que se tiene en España a este respecto. «En España seguimos pensando que somos diferentes y no, somos iguales. Hemos vivido un pasado traumático y hemos decidido lidiar con él de una manera determinada. Pero hay muchas otras maneras de hacerlo, y en el propio documental mostramos muchos ejemplos realmente bonitos de ello. La película apela a eso: a qué otras vías podríamos utilizar para conseguir eso, ya con cuarenta años de democracia. ¡Porque ya son dos las generaciones que han nacido en democracia!» Y sin embargo, el olvido ha hecho que el tiempo pase más despacio. «Yo lo llamo el legado. Este es el legado que nos deja nuestro pasado. La continuidad de las instituciones y de la impunidad es una sombra que planea todavía. Yo lo noto: a veces, al hablar de Franco, todavía hay gente que baja la cabeza. ¡Pero la gente joven no! Porque ellos no quieren olvidar. Quieren conocer. Quieren hablar».

Fotograma de ‘El silencio de otros’.

Lo que hacen los documentalistas en El silencio de otros es, ante todo, mostrar el absurdo. Exhibir sin complejos lo ridículo que resulta seguir bloqueando la resolución de esta situación. «Son cuestiones como tener derecho a la justicia, a rescatar los huesos de tu madre, a encontrar a un hijo que te han robado. Son cosas tan obvias que te preguntas cómo es posible que esto siga así en 2018. Es posible que sea por eso que el documental crea en la gente esa sensación de sufrimiento al terminar. Porque es algo muy básico. Porque no tiene sentido que como sociedad podamos permitir una cosa similar. Nos hemos acostumbrado a verlo, y desde fuera se quedan completamente alucinados. Pero te digo una cosa: nos hemos acostumbrado porque ese era el objetivo de la Ley del Olvido. Extender el olvido por la población. Sin embargo, cuando colocas un espejo delante de la gente, todo el mundo se da cuenta de que eso no es pasado. Es presente».

Ese juego de tiempos es fundamental a la hora de entender la tesis de El silencio de otros, que ubica su núcleo narrativo en un presente vivo, con víctimas que aún en la actualidad, a décadas vista del final del franquismo, todavía encuentran trabas a la hora de ver restituidos sus derechos. «La gente no hablaba de esto, se consideraba poco educado en democracia hablar de estas cosas. Había una sensación generalizada de que algunos no querían que se les estropease la fiesta. Pero todo eso que la gente se supone que deja atrás no está atrás: está aquí. Las miles de personas que estaban entonces en las cunetas siguen ahí, en las cunetas. Y es lo que dice Paqui —una de las personas que aparecen en el documental—: a mí nadie puede obligarme a olvidar. Es lo mismo que pasa con el perdón: es una cosa individual. Tú decides si quieres olvidar y perdonar o no, pero el estado tiene la obligación de procesar. Son dos debates diferentes. Primero hay que restaurar los crímenes cometidos y después las víctimas ya decidirán si olvidan o no. Y, si no quieren, tienen todo el derecho del mundo».

«Piénsalo: es una oportunidad única que un documental de derechos humanos sobre el franquismo pueda estrenarse en salas. Así que esta es una ocasión que queremos utilizar para movilizar a la gente, está claro. Sin embargo, después de eso, la vida de la película continúa»

Ese largo proceso que Almudena Carracedo y Robert Bahar han llevado a cabo durante los últimos ocho años ha terminado, inevitablemente, generando una especial intimidad entre ellos y las víctimas que han compartido su tiempo. «Hemos seguido muchísimas historias más de las que aparecen, pero teníamos claro que esto no iba a ser una enciclopedia. Esperamos que las que están puedan representar algo mucho más grande y que ese sacrificio de tantas horas haya servido para crear una película que funcione, que mueva el corazón«. Y es que las horas han sido la clave para llegar a la intimidad. «Esta clase de procesos se basan en la confianza. Es como pelar una cebolla: empiezas por la superficie y cada vez llegas más profundo. Es algo que solo te lo da el tiempo, así que como documentalistas pensamos que es un lujo poder haber dedicado todos estos años a este trabajo».

Ahora toca despegar en salas comerciales, pero, al igual que ocurrió con Made in LA, Almudena Carracedo tiene muy claro que el trayecto de El silencio de otros no ha hecho más que comenzar. «La distribución comercial, para nosotros, es la oportunidad de llegar a aquellos que no están convencidos y que van al cine simplemente porque es cine. Piénsalo: es una oportunidad única que un documental de derechos humanos sobre el franquismo pueda estrenarse en salas. Así que esta es una ocasión que queremos utilizar para movilizar a la gente, está claro. Sin embargo, después de eso, la vida de la película continúa. A partir de 2019 ya es pueblo a pueblo, asociación cultural a asociación cultural, instituto a instituto… Estamos acunando al bebé para que pueda conseguir lo máximo posible en su vida. Nacer ya ha nacido: ahora tiene que seguir pelando la cebolla«. Y que se quiebre el silencio para siempre.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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