Andrea Jaurrieta: “Enfrentarse a una misma es conflicto suficiente”

Yo no sé muy bien quién soy. ¿Lo sabe alguien? Indaguemos en esa pregunta, o acaso en el mero hecho de ser algoser alguien. Escarbando, se llega inevitablemente al primer obstáculo: las circunstancias que definen nuestras identidades. En buena medida, la construcción de nuestra identidad está conformada por las cosas que nos rodean. Todo ese artefacto sociocultural resulta, pues, invasivo, y se cruza de lleno con nuestras preguntas, que caen rotas en los rincones usados. Ana, protagonista de Ana de día —que llega mañana a nuestra cartelera— tampoco sabe bien quién es. Ni lo sabe con certeza Andrea Jaurrieta, su directora. Ni ninguno de vosotros, probablemente. ¿Me equivoco?

Ana, interpretada —y moldeada— por Ingrid García-Jonsson, lleva una vida normal. Sin embargo, huye. “En un pase en la Universidad de Nebrija, alguien me preguntó que por qué escapaba Ana, si tenía una muy buena vida”, cuenta Andrea Jaurrieta. La cuestión reside en ese último punto: “¿por qué se considera que eso es lo que está bien y, si lo está, por qué somos infelices?” Una vez más, las circunstancias. “Ana es una mujer que está siguiendo los pasos marcados, los que le han dicho que tiene que seguir. Tiene un buen trabajo, una pareja sólida. Sin embargo, llega un día en que se queda a solas consigo misma y se pregunta si eso es lo que quiere ser. Y no sabe responderse“. Así, Ana empieza a transformarse en Nina; comienza a huir sin saber muy bien hacia dónde lo está haciendo.

Al crear esa ciudad nocturna en la que se sumerge, me interesaba dibujar una no realidad. Es una Madrid que está desapareciendo, poblado por personas que han querido huir y se han quedado atrapadas en un no lugar y un no tiempo

“Al estar todo tan marcado, no nos atrevemos a formar nuestra identidad. Lo veo mucho en mi entorno, en mis amigas, ¡en mí misma! Es verdad que me dedico al cine, que en un principio puede parecer un mundo loco, pero yo soy estajanovista: me levanto a las ocho y me pongo a trabajar. Muchas veces me miro y me pregunto si esto es realmente lo que querría estar haciendo. Y tengo muchas amigas que siguen muchos de los puntos marcados y, llegadas a los 30, se les desmonta una pata de la mesa. El trabajo, la pareja. Y quieren huir, pero no saben hacia dónde”. Viviendo en nuestras pequeñas jaulas, nos perdemos si quedamos expuestos. Nos convertimos en vulnerables bichitos, en frágiles y rotos individuos.

Así que Ana, en ese proceso de conversión en Nina, escapa hacia un lugar inexistente. Literalmente, huye hacia ninguna parte. “Al crear esa ciudad nocturna en la que se sumerge, me interesaba dibujar una no realidad. Es una Madrid que está desapareciendo, poblado por personas que han querido huir y se han quedado atrapadas en un no lugar y un no tiempo. No partía, en principio, como una crítica al tiempo presente —aunque es cierto que Ana coge el móvil al principio y no vuelve a hacerlo más una vez dentro de esa burbuja— sino más bien como una búsqueda. Como una pregunta: ¿los que huyen, hacia dónde lo hacen? ¿Han logrado realmente huir?” Para ello, Andrea Jaurrieta despliega un mundo enterrado, una realidad alternativa que, al mismo tiempo, está presente en nuestros días sin que nos demos cuenta. Es la realidad de todos esos lugares arrancados de nuestro estilo de vida; los lugares que viven fuera de los pasos marcados.

Ingrid García-Jonsson en ‘Ana de día’.

“Una vez Ana se ha convertido en Nina, una vez habita ya ese submundo, vemos como ya se ha metido otra vez en la rutina. Así que nos planteamos una pregunta: ¿podemos escapar de nosotros mismos?” ¡Qué pregunta más terrible, si pensamos que la huida se lleva a cabo sin destino, sino como ejercicio permanente, eterno, distante! Así comienza la película, citando a T.S. Eliot: “El río está dentro de nosotros”. Siempre corriendo el agua, siempre encauzados, siempre hacia adelante. “Cuando estaba con el guión me decían que no había conflicto externo. ¡Y qué más da! Ella se enfrenta a sí misma, ¿no es ese un conflicto suficiente?” Además, Andrea Jaurrieta dispone un juego de espejos entre Nina y el personaje de Sole —interpretado por Mona Martínez—: “Es como si Sole hubiese vivido ya esa vida y se quedase en ella para siempre, encerrada en esa pensión. Nina le dice, en una escena, que ella no puede hablar ya que nunca ha salido de ahí. Ella le contesta: ¡Qué sabrás tú!

En ese proceso de transición de Ana a Nina fue fundamental el trabajo de Andrea con Ingrid García-Jonsson, su actriz protagonista. “Ella es una persona con muchísima energía, una tía muy libre. Me costaba, al principio, encontrar en ella la mojigatería y la inocencia de Ana. Y notaba que había en ella como una energía muy baja, que fue ascendiendo a medida que el metraje avanzaba y llegaba la parte de Nina. En la última semana tuvimos que rodar otra escena en la que volvía a ser Ana y, de repente, regresó aquella energía baja. Entonces me di cuenta y dije: ¡qué buena es la hija de puta! ¡Me había creído que ese bajón era de la actriz, y resulta que era el personaje! Se me ponen los pelos de punta recordándolo, ¡mira! Ingrid no estaba interpretando; es que ella, una mujer tan libre y enérgica, se convertía, por arte de magia, en una chica pusilánime. Era increíble”.

Es como el Super Mario Bros: te pasas una pantalla y crees que ya está, pero no. Te queda la siguiente, y la siguiente, y la siguiente. Y nunca llegas a la princesa. Nunca llegas. Nunca se consigue del todo: eso es hacer cine

A nivel formal, Ana de día entabla un diálogo entre la tradición del cine español —mucho Almodóvar, Saura, ¡Fernando Trueba!— y el cine europeo, en la línea de conjunción que están llevando hacia adelante muchos de los autores de reciente aparición dentro de nuestro panorama cinematográfico. Andrea Jaurrieta lo explica así: “Tenemos la suerte, en nuestra generación, de que podemos acceder a una cantidad de material inabarcable. Puedes, si te apetece, ponerte a ver una película india en cualquier momento. Eso nos abre muchísimo la mente. Somos mucho más eclécticos”. Sobre el pobre funcionamiento de este tipo de películas españolas de carácter autoral, esgrime: “Lo que no puede ser es que se inviertan millones en películas de fácil digestión argumentando que son las películas que la gente ve. Después, escuchas por ahí que es que el cine español es una mierda. ¡Claro, si lo que le das al público son las películas malas! ¿Tú crees que la gente quiere ver ese tipo de películas? A lo mejor, si le damos y le vendemos otro tipo de cine… la cosa cambiaría”.

Mientras, entrar en el panorama nacional sigue siendo un proceso casi de minería. A Andrea le costó ocho años sacar adelante su película. “Es como el Super Mario Bros: te pasas una pantalla y crees que ya está, pero no. Te queda la siguiente, y la siguiente, y la siguiente. Y nunca llegas a la princesa. Nunca llegas. Nunca se consigue del todo: eso es hacer cine“. Una huida constante, una reinvención perpetua, como la de Ingrid García-Jonsson en Ana de día, el debut en el largometraje de Andrea Jaurrieta. A riesgo de resultar repetitivo, citaré de nuevo a Bruce Springsteen, que cantaba aquello de que algún día, no sé cuándo, llegaremos al lugar al que queremos ir y caminaremos sobre el sol. Hasta entonces seguiremos, vagabundos, nacidos para correr. Y seguiremos corriendo.

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Adrián Viéitez

Todas las promesas de mi amor se fueron con 'Cría Cuervos'. Ahora bailo y canto 'La Tarara' alrededor de una pira lorquiana. Si preguntáis por ahí os dirán que soy periodista. Si me lo preguntáis a mí, os diré que no sé muy bien quién soy.

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