Año Lennie

Bárbara Lennie (Madrid, 1984) ha vivido un año inundada en el drama, pero solo a nivel interpretativo, porque en realidad su barco, o sea, su carrera profesional, sigue a flote y va viento en popa; debe de ser la actriz más feliz, con más trabajo y más en forma del cine español. A lo largo del 2018, probablemente sea una de las mujeres que ha acaparado más titulares en nuestro país —y en términos positivos—, tales como: “Bárbara Lennie y Susi Sánchez, fuera de sí en La enfermedad del domingo”, “Entrevista a Penélope Cruz y a Bárbara Lennie por Todos lo saben”, “Bárbara Lennie y Antonio de la Torre presentan su nueva película (El reino)” o “Marisa Paredes y Bárbara Lennie, luces para una película sombría (Petra)”.

Cuatro películas en un año, seis en dos y nueve en tres. Y, entre tanto, rodajes de series de televisión y funciones teatrales. Aunque, a decir verdad, ese ha sido el ritmo más o menos habitual de su producción desde que se dio a conocer. Han pasado unos 24 o 25 años desde que se vistiera de Cleopatra en una muestra de final de curso, algunos menos de su primer trabajo: Más pena que gloria (2001). Desde su debut, ha dejado su sello en 25 largometrajes y en un buen puñado de series, cortos y obras de teatro. En 17 años de carrera profesional, había estado a las órdenes de directores como Isaki Lacuesta, Jonás Trueba, Pedro Almodóvar, Carlos Vermut o Daniel Monzón, todos ellos nombres propios del cine español. Pero en el último, en el ejercicio presente, ha presentado películas con Ramón Salazar, Asghar Farhadi, Rodrigo Sorogoyen y Jaime Rosales, interpretando papeles protagonistas y secundarios de gran relevancia, obteniendo además excelentes críticas por todos ellos. Por tanto, y aunque casi nunca suelen ir de la mano, las palabras cantidad y calidad, esta vez, no son antagónicas. Cuatro estrenos y no unos cualesquiera.

La hazaña de plagar el calendario cinematográfico con cuatro estrenos de nivel en un año se conocerá como Año Lennie, o como si de una gesta atlética o deportiva paranormal se tratase: una Lenniesque

Bien es cierto que no es la primera vez que se deja ver en cuatro filmes en un mismo año, porque ya lo hizo en 2014: Magical girl, El niño, Murieron por encima de sus posibilidades y Stella cadente. Entonces, ganó el premio Goya a la mejor actriz protagonista por su interpretación en Magical girl —y estuvo nominada a mejor secundaria (El niño)—, hito al que aspira a conseguir en la próxima edición, y no será por oportunidades. No lo tendrá fácil ante trabajos como los de Eva Llorach o Najwa Nirmi, excelentes ambas en Quién te cantará, pero sí puede decir que ha adquirido más papeletas, dos personajes trágicos y profundos impecables en dos dramas familiares: Chiara (La enfermedad del domingo) y Petra —que da nombre a la película—. Tendrá que esperar hasta febrero para saber si su boleto es el ganador.

A partir de ahora, la hazaña de plagar el calendario cinematográfico con cuatro estrenos de nivel en un año —tres en otoño, la época por excelencia del buen cine— se conocerá como Año Lennie, o como si de una gesta atlética o deportiva paranormal se tratase: una Lenniesque (de Beamonesque). Algo que ni tan siquiera ha logrado el que da nombre a “hacerse un De la Torre”, es decir, ser doblemente nominado por la Academia en una misma edición. Antonio es, por cierto, compañero suyo en El reino, un thriller político y corrupto para el que Lennie fue contratada para hacer de periodista punzante, incisiva, mordaz. Tan solo aparece en tres o cuatro escenas, todas ellas acompañada por De la Torre, y para el recuerdo irremediablemente quedará la última y definitoria de la película.

En pocas secuencias más se prodiga en Todos lo saben, cuyo guion la junta sentimentalmente con Javier Bardem —otra pareja de cine—, un viticultor que se involucra demasiado, por los lazos que le unen a otra familia, con el rescate de una niña secuestrada. Supo que iba a participar en ella a cuatro días vista. Aquí, el personaje de Lennie en algún momento se sale de sus casillas, literalmente, pero ella está siempre correcta, en su sitio; es el arte de la sencillez y la naturalidad delante de las cámaras.

Pero a pesar de su buen hacer, al finalizar dicho rodaje, allá por el mes de diciembre del año pasado, pensó en parar, algo difícil de explicar hasta para ella, una apasionada de la interpretación: “Sentí que no podía ser actriz más, no tenía nada más que aportar”Es verdad que su tragedia no ha traspasado la gran pantalla, pero ya no podía aguantar más dramas en su vida. Más que cansada de su oficio, estaba saturada de papeles tan exigentes y tan duros, agobiada de vivir rodeada de enfermedad y muerte. Subirse a las tablas en 2018 con El tratamiento, una comedia sobre el paso del tiempo, le ha servido precisamente de eso, de curación o de alivio. Y menos mal, porque su adiós privaría a los espectadores de uno de los lujos del cine español: observar a Bárbara Lennie trabajando y por qué no, volver a ser testigos de otro Año Lennie.

Ilustración de Paula Viéitez.

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Marcos Martín Reboredo

Condenado a vivir eternamente en la 'Celda 211'. Desde allí contemplo las cosas, a través de los barrotes. El cine me sirve para imaginar todo lo demás: mi cuerpo tendido 'Los lunes al sol'; lanzándose a nado 'Mar adentro'.

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