Carlos Fernández de Vigo: “En España se echa en falta una continuidad en los equipos de animación”

Hacer animación en nuestro país es todo un reto. No en vano, cada año son muy pocos proyectos de cine animado los que acaban viendo la luz. En 2018, pudimos contar con los dedos de una mano las que consiguieron ver la luz de las salas: lo hizo Un día más con vida, coproducción polaca-española que se alzó con el premio a mejor película de animación en los últimos Premios del Cine Europeo. Lo hizo Black is Beltza, de Fermín Muguruza. Y lo acaba de hacer, recién estrenado 2019, Memorias de un hombre en pijama, de Carlos Fernández de Vigo, nominada al Goya correspondiente junto a Un día más con vida. Resulta significativo que las otras dos candidatas, Azahar y Bikes, no hayan visto todavía la luz en lo que a sus estrenos comerciales se refiere.

Y es que, en la actualidad, parece que sólo existen tres vías para lograr estrenar una película animada en España: la primera, la de la coproducción junto a un país que posea una industria más preparada. La segunda, el apoyo de una televisión —generalmente, pública, aunque ahí tenemos el ejemplo de Tadeo Jones—. La última es, precisamente, la nominación a los premios Goya, que aquí sí pasan directamente a convertirse en un mecanismo de toma de impulso. Carlos Fernández de Vigo logró, para Memorias de un hombre en pijama, el apoyo de TVE —así como de Movistar + y la TVG—. Su película contaba, además, con un impulso muy particular: se trataba de una adaptación de un material original de Paco Roca, el autor de la aclamada novela gráfica que desembocó en Arrugas, de Ignacio Ferreras. Sin embargo, es sobradamente consciente de la dificultad de estos procesos.

Es evidente que el cinematográfico es un lenguaje muy diferente al del cómic y que no podíamos fusilarlo, que la obra tenía que evolucionar. Pero siempre con el mayor respeto hacia la obra de la que partimos

“Existen varios puntos de vista respecto al reto que representa levantar una película de animación en España. Por un lado, está la perspectiva de los productores: ellos tienen que trabajar para definir unos valores de producción muy determinados y, en este caso concreto, fueron los que tuvieron que acordar la cesión de derechos con Paco Roca y firmar con Love of Lesbian para la realización de la banda sonora; así como con Raúl [Arévalo] y María [Castro]. Por otro, claro, está la del realizador. Incluye todo lo que tiene que ver con la dirección de animación, el trabajo de fotografía o la iluminación. Aunando estos dos puntos de vista, yo opino que en España se hace mucha animación y, además, muy buena. Pero se echa en falta una continuidad laboral para los equipos artísticos y técnicos. En ese sentido, cada vez que empiezas una producción tienes que enfrentarte al reto de formar un equipo desde cero, siempre con unos tiempos a los que tienes que ceñirte. Dependes mucho de tener un equipo que se conozca, de que tengan un histórico en común, ya que llegan de partes distintas, están dispersos”. En su caso, la suerte ha estado de su parte. “Yo, afortunadamente, llevo muchos años trabajando en videojuegos, 2D y 3D, así como videojuegos multiplataforma. Es una industria con mayor continuidad. Así que yo ya venía trabajando desde hace 8 o 9 años, en diferentes proyectos, junto a Lorena Ares [directora de animación] y Marcos García Cabeza [director de fotografía]“.

En el caso de su trabajo concreto, buena parte del esfuerzo se ejecutó a la hora de trasladar el material original de Paco Roca al lenguaje cinematográfico. Para hacerlo, Carlos Fernández de Vigo fundamentó su trabajo en su experiencia previa con la novela gráfica, habiendo adaptado ya obras de autores como Miguelanxo Prado. “Esa experiencia me ayudó a empatizar, a comprender cómo son los procesos y resortes del autor de novela gráfica. Algo que me gusta es irme a las claves de cada disciplina de trabajo, para ayudar a que todo el mundo se sienta cómodo y con la mayor libertad. Creo que es entonces cuanto se obtienen las mayores posibilidades en cuanto a desarrollo de talento. Después, trabajar con Paco Roca (que, para mí, es uno de los mejores autores de novela gráfica de España), fue un proceso de respeto hacia él. Es evidente que el cinematográfico es un lenguaje muy diferente al del cómic y que no podíamos fusilarlo, que la obra tenía que evolucionar. Pero siempre con el mayor respeto hacia la obra de la que partimos”.

Una de las decisiones principales que el equipo de Carlos Fernández de Vigo tomó en cuanto a estructura narrativa fue la de incorporar una apertura y un cierre con imágenes rodadas en acción real. Con Raúl Arévalo y María Castro en carne y hueso. “Este fue un tema de debate al principio, pues, de ir en contra de las intenciones narrativas, podría ser perjudicial para la película. Creo que, en este caso concreto, estaba muy en línea con el pensamiento de los guionistas, porque narrativamente funcionaba muy bien: al fin y al cabo, el personaje central es una proyección del álter ego de Paco Roca, que está compartiendo su historia con el público a través de la animación. Todo el estilo de la dirección de fotografía, en términos de color y luz, tratamos de sostenerlo entre las partes de acción real y animación. Existió, claro, un enorme esfuerzo invisible en lo técnico y artístico para que esa transición fluyese con naturalidad”.

Lo que era interesante de hacer una banda sonora con canciones de Love of Lesbian era que, por generación, estilo, por toda la textura sonora que crean… estaban muy ligadas al tono que queríamos imprimir a la película.

Esa apertura y ese cierre sirven, además, para revestir a toda la película —que en su parte animada se limita a ser una comedia romántica amable y algo condescendiente con su protagonista— de una pátina crítica. “Evidentemente, toda la película funciona en esa dirección. Al menos, la intención era dejar claro que es una crítica hacia esa generación de personas de 40 años que se han quedado estancados, que todavía se comportan de manera caprichosa, egoísta e infantil. De todos modos, siempre se buscó que la película, en su parte de animación, dejase una sensación amable, de optimismo”. Esa última intención tiene que ver, según Carlos Fernández de Vigo, con un respeto hacia la obra de Paco Roca que reviste por completo a Memorias de un hombre en pijama: “Desde que me lancé con este proyecto, tuve muy presente que había ciertos valores de la obra original que quería preservar. Especialmente, me interesaba salvar esa especie de conexión tan íntima que Roca es capaz de crear con sus lectores: va lanzando hilos invisibles, conectándolos entre ellos”.

Uno de los elementos más particulares de la película es la participación de la banda barcelonesa Love of Lesbian. Conectada a nivel lírico con la tesis fundamental de la película, su presencia se extiende a través de todas las capas del film. “Lo que era interesante de hacer una banda sonora con canciones de Love of Lesbian era que, por generación, estilo, por toda la textura sonora que crean… estaban muy ligadas al tono que queríamos imprimir a la película. Añade, creo yo, un grado de complicidad con el que consideramos que puede ser el público objetivo de Memorias de un hombre en pijama, que posiblemente sea parecido al del grupo. Es un recurso más… para despertar la memoria emocional”. Memorias, memorias, memorias. Al final todas las palabras revolotean en torno a ellas.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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