Diana Toucedo: “Quiero filmar las cosas que no se ven”

La esencia de las cosas se captura mediante procesos sin racionalizar. Algo de esa búsqueda hay en la concepción más primitiva del hecho cinematográfico, del modelo de representación de las imágenes en movimiento. ¿Por qué nos sentimos atraídos de manera catártica hacia ese tipo de representación frente a otra suerte de pictoricismos estáticos? Quizá sea —aunque esto no deja de ser un lazo en el viento, pues no existe una teoría sobre la percepción que sea irrebatible— porque el cine apela de algún modo a lo esencial. Recordamos el cine de una manera muy similar a nuestras propias memorias individuales: en mi mente corro por la playa con 12 años; en mi mente Antoine Doinel corre por la playa con 12 años. ¿Cuál es la diferencia? Diana Toucedo quiere fundir ese salto entre la memoria íntima y la herencia audiovisual en su propia cinematografía: lo ha hecho como montadora; comienza a hacerlo como realizadora. Trinta lumes es un acercamiento honesto a esta manera de contemplar el cine. A esta manera de contemplar el discurrir de la propia vida.

Nacida en Redondela —bañada por la Ría de Vigo— y desplazada a Barcelona, Diana Toucedo ha trabajado con cineastas de ambos extremos de la Península. Ha sido montadora, de hecho, de algunos de los directores más fascinantes de cada una de las puntas: trabajó con Alberto Gracia en O quinto evanxeo de Gaspar Hauser y fue la asistente de montaje en Los pasos dobles, película con la que Isaki Lacuesta ganó su primera Concha de Oro en San Sebastián. Estos indicios no juegan al equívoco: la búsqueda de esta cineasta naciente transita caminos intermedios entre los de Gracia y Lacuesta, aunque su propio latido comienza a adquirir un relieve notable. Para su primer largometraje, Diana Toucedo decidió volver a casa. Aunque no del todo.

Fotograma de ‘Trinta lumes’.

“El proyecto lo planteé, en cierta medida, como un retorno. De repente pensé que ya podía regresar a Galicia con todo el conocimiento cinematográfico adquirido. Además, quería sentir comodidad y proximidad respecto a aquello de lo que pretendía hablar en el que no deja de ser mi punto de partida en el formato de largometraje. Irremediablemente, todo me llevaba a volver a Galicia. Así que no deja de ser curioso que terminase filmando en O Courel, una zona de interior que yo apenas conocía. Quería llegar a un lugar donde determinadas tradiciones y cierto tipo de paisajes estuviesen presentes. En las Rías Baixas, con la urbanización que ha sufrido la zona, es más complicado encontrar esa pureza en las formas. En O Courel se dieron esas circunstancias. Me enamoré al segundo“.

Trinta lumes es una cámara incrustada en el epicentro de la rutina del rural gallego, una cámara que aprehende sus tiempos, sus distancias, sus espacios y sus costumbres. Una cámara que, sin embargo, abre vías de entrada para lo mágico. Ese es el giro de punto de vista de Diana Toucedo: introducir lo místico, el subtexto legendario, en el epicentro de un retrato netamente observacional. Ella explica que, para acceder a esa dimensión que permanece ajena a la mirada urbanizada, es preciso readaptar los ritmos a una concepción rural de las cosas.

“Estuve casi dos años yendo un par de semanas cada dos o tres meses. Iba a O Courel y sencillamente estaba allí, compartiendo espacios con sus habitantes, porque me parecía importante que me comprendiesen como un elemento más de su entorno. Mucho antes de sacar la cámara ellos ya tenían que haber eliminado el recelo original. Eso nos vino muy bien, ya que me permitió adentrarme mucho más en un Courel que, a nivel superficial, es totalmente invisible. Pensaba siempre en un poema de Uxío Novoneyra, incluido en Os Eiros, en el que habla de O Courel como de un iceberg en el que sólo puedes ver lo que está arriba, a la vista. Eso me suponía un reto cinematográfico enorme, porque me indicaba que quizá lo que yo quería filmar no estaba a la vista. Que quizá lo que yo quiero filmar son las cosas que no se ven“.

Fotograma de ‘Trinta lumes’.

Así, Diana Toucedo enhebra un tejido formal que funde el relato realista con lo fantástico; la tesitura documental con las herramientas de la ficción. “Quería abordar todo eso como algo absolutamente real, dado el impacto que tiene en la zona esa combinación entre lo mítico y la costumbre. A la gente le resulta atrayente ese elemento, casi de realismo mágico, aunque a mí me interesaba simplemente hablar de esas dos formas de ver el mundo, que no tienen que ser excluyentes“. El fondo de toda esa búsqueda responde a un objetivo retratista, que perfila a la cineasta como una autora de profunda vocación etnográfica que, sin embargo, no se conforma con la mera reproducción de lo observado. “Quise intentar crear una especie de viaje a esos lugares, que el espectador pudiese acercarse lo máximo posible a vivir allí durante 90 minutos“.

Las herramientas para ello: los sentidos. “Trinta lumes tenía que ser una película muy sensorial. Yo defiendo mucho la idea de que el cine debe generar algún tipo de experiencia en el interior del espectador. Que, cuando salgas de la sala, no seas el mismo que cuando entraste. Por eso me parece importante trabajar desde el cuerpo, y ya no sólo desde un punto de vista racional. Ha pasado en algunas salas que, durante las escenas de lluvia, la gente se pone el abrigo. Ese me parece uno de los mayores halagos que puedo recibir como cineasta”.

Esta aproximación a lo sensorial a través de la representación cinematográfica está ligada, inevitablemente, al cine japonés de autoras como Naomi Kawase. Ella lo admite, aunque le da la vuelta: “Yo al principio pensaba: cuánto te han influido, cuanto de tu vida está creado a partir de las imágenes de estos autores. Sin embargo, después me he dado cuenta de que en ese proceso también hay algo que se construye al revés: cuando las imágenes de otros te influyen de ese modo… es porque todo eso ya estaba en ti, latente, de alguna manera. Viendo algunas de las primeras películas de Kawase… existe algo que me remueve tanto que no puedo evitar pensar: si esto lo hubiese hecho yo, es muy probable que lo hubiese hecho de una manera muy parecida”. En Trinta lumes está la herencia del pasado, sí. Pero también está el futuro.

Proyecciones de Trinta Lumes en Galicia:

CINE CODEX

PASES ESPECIAIS TRINTA LUMES

8 DE FEBREIRO  

Proxección e Coloquio coa asistencia de Diana Toucedo, Alba Arias, Orlando Gregorio Álvarez, Bela Rubinos e Uxío Novoneyra.

Horarios: 20:00 e 22:15.

CINEMA NUMAX

PASES ESPECIAIS TRINTA LUMES

8 DE FEBREIRO

18:10 Coa presentación de Diana Toucedo e Jorge Coira

21:55 Pendiente   

9 DE FEBREIRO

15:45 Coa presentación de Diana Toucedo, Alba Arias e Margarita Ledo

19:45 Presentación e coloquio posterior con Diana Toucedo, Alba Arias e Uxío/Branca Novoneyra

10 DE FEBRERO

11:30 Encontro coa cineasta Diana Toucedo: “A Cor das Palabras – A fraxilidade dos vagalumes ou como desvelar o invisible no visible

17:50 Presentación e coloquio posterior con Diana Toucedo, Alba Arias e Sergio Moure de Oteyza.  

CANTONES CINES

PASES ESPECIAIS TRINTA LUMES

8 DE FEBREIRO

22:00 Coa presentación de Sergio Moure de Oteyza (compositor) e Vicente Reboleiro (poeta courelá) 

9 DE FEBREIRO

22:00 Coa presentación de Vicente Reboleiro (poeta courelá) – pendiente confirmar con Vicente.

MULTICINES NORTE

PASES ESPECIAIS TRINTA LUMES

8 DE FEBREIRO

20:00 Coa presentación de Ángel Santos (director de cinema e director do festival Novos Cinemas)

9 DE FEBREIRO

20:00 Coa presentación de Carme Adán (filósofa, escritora e política)

10 DE FEBREIRO

20:00 Coa presentación de José M. López (crítico, docente e fundador da prestixiosa revista Tren de sombras)  

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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