Diego Rodríguez: «La educación de la mirada es fundamental»

La comprensión social del hecho cinematográfico se ha estandarizado. El discurso veloz, cómodo y embotellado procedente de la gran industria hollywoodiense se ha incrustado en nuestra manera de aproximarnos a lo fílmico, en un trayecto unidireccional que, curiosamente, nos aleja de la propia esencia del cine como arte, fundamentada en la observación, en la generación de una conexión casi mística entre cuerpos y espacio motivada por el movimiento. Esa interacción, esa participación activa del espectador como elemento clave en la decodificación del lenguaje cinematográfico, se ha limpiado en favor de la aparición de un modo de expresión mucho más aplanado, más tibio, definitivamente menos exigente. En favor de un cine que emplea los recursos intrínsecos a la actividad fílmica solo como medios para alcanzar un fin, y no como métodos de creación artística en sí mismos. Esa es la identidad central; en los arrabales de la cinematografía suceden otras cosas. Y hoy venimos a hablar de eso, de los Márgenes.

Productor cultural, profesor de cine y cabeza de la distribuidora que lleva el mismo nombre, Diego Rodríguez fundó el Festival Márgenes en 2011, después de años dirigiendo el Festival Visual, de similares características. Con Márgenes, sin embargo, propuso un giro de guión interesante al trayecto previo de Visual: «Es cierto que este festival nace como continuación de todo aquello, y con la misma idea de poner en valor el cine de autor español e iberoamericano, pero aquí vimos la oportunidad de llegar a todo el mundo vía online. Queríamos adaptarnos a los nuevos medios de consumo pero sin perder nuestra seña de identidad, que seguía siendo apostar por un tipo de cine que se aleje del estándar trillado». El Festival Márgenes nació, pues, como un certamen en el que todas las películas se ofrecían a través de su página web. En 2012, la cosa cambió.

No sé si será muy políticamente incorrecto decirlo, pero yo creo que tenemos una relación mucho más estrecha, a nivel identitario, con un mexicano que con un francés.

«El segundo año propusimos una idea novedosa, algo en lo que fuimos pioneros en todo el mundo: simultanear lo online con lo físico. A día de hoy, eso sigue siendo lo que nos define: defendemos que cualquier persona pueda visionar las películas de la forma que quiera». Al respecto del encendido debate sobre los revolucionados métodos de consumo del audiovisual, Diego Rodríguez se sostiene firme: «A quien tenga una sala cerca, yo siempre le recomendaré que vaya a esa sala a ver las películas. Sin embargo, el online ha llegado para cubrir la estrechez geográfica: su aparición es algo muy democrático. Es muy fácil ofrecer una opinión sobre esto hablando desde Madrid, pero habría que planteárselo a una persona que viva en un pueblo de Huelva, de Murcia o de Bolivia, por ejemplo. Con la sala más cercana a cientos de kilómetros. Es importante, creemos, que los contenidos de calidad puedan llegar a todo el mundo, y seguiremos defendiendo que el cine en salas y el cine online son compatibles y, de hecho, se retroalimentan«.

Además, también han llevado a cabo una expansión a nivel territorial, desde su circunscripción exclusiva al ámbito español hasta su actual presencia transoceánica, con sedes en ciudades de América Latina como Montevideo, Santiago de Chile y Ciudad de México, amén de su cobertura del territorio nacional a través de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Córdoba. Esto se articula en línea con otra de las ideas fundacionales con las que Diego Rodríguez lanzó Márgenes: la de explorar el diálogo entre la cinematografía del vasto territorio hispanohablante, incluyendo a Brasil y Portugal. «A todos nosotros nos unen muchas cosas: un idioma, una forma de mirar el mundo. No podemos perder nunca de vista el cine que se hace en esos países, necesitamos que vengan los autores, que nazcan proyectos comunes, que se creen alianzas. El festival también dispone de un espacio para que eso ocurra, para que surja la conversación fílmica. No sé si será muy políticamente incorrecto decirlo, pero yo creo que tenemos una relación mucho más estrecha, a nivel identitario, con un mexicano que con un francés«.

Es momento de poner en valor a los autores que nos cuentan sus relatos desde un punto de vista libre. La industria debería generar las ventanas adecuadas para su funcionamiento, y creo que este tipo de cine podría cohabitar sin dificultades con aquel que se ofrece ahora mismo.

Establecido el marco territorial, la idea base del Festival Márgenes es la de desenterrar todo ese cine que, como decíamos al comienzo de este texto, nace en los arrabales de la retórica establecida. Diego Rodríguez se abraza a este discurso como si de una proclama íntima se tratase. «Defendemos un cine que tenga un fuerte compromiso estético y ético con la sociedad. Es una cuestión de posicionamiento ante esta sobreabundancia de contenidos a las que se nos expone, muchas veces a través de algoritmos». Y el cine se convierte, de repente, en una estrategia de márketing cuidadosamente formulada. «No todo son réditos económicos en la vida —¡y, ojo, no digo que no sean importantes, que lo son!—: también existen los réditos de formación, los réditos morales. Cabría preguntarnos qué tipo de sociedad queremos para el futuro. En Márgenes entendemos que un cine entendido como hecho artístico y cultural crearía una sociedad mejor».

Desde la dirección de este festival que navega territorios en constante vía de exploración, Diego Rodríguez clama a la reorganización estratégica del sector cinematográfico. «Es momento de poner en valor a los autores que nos cuentan sus relatos desde un punto de vista libre. La industria debería generar las ventanas adecuadas para su funcionamiento, y creo que este tipo de cine podría cohabitar sin dificultades con aquel que se ofrece ahora mismo. Sin embargo, se ha estrechado tanto el embudo a favor del cine comercial que no queda espacio. Creo que es un enorme error estratégico por parte del sector«. Además, también reivindica la necesidad de llevar a cabo tipos de distribución que rompan con el método tradicional. «Estas películas exigen un tratamiento más individualizado. Una distribución al uso ya no sirve, tenemos que luchar para encontrar vías innovadoras a través de las que hacer llegar esta clase de cine a la mayor cantidad de público posible«.

Ya solo queda la pasión. Es nuestra vía para hacer ver que la educación de la mirada es fundamental: tenemos que comenzar a consumir este tipo de cine desde pequeños, si no, todo esto no servirá de nada.

Sin embargo, girando ligeramente la mirada hacia el cine español de los últimos años, Diego Rodríguez sí percibe la entrada de algún tímido hilo de esperanza. «Realmente, lo difícil sería que no se estuviese rompiendo con esta situación, dada la aparición de cineastas como, por ponerte un ejemplo, Isaki Lacuesta. Fíjate en el éxito que ha tenido Entre dos aguas en San Sebastián. Es uno de los éxitos más rotundos que yo recuerdo en el cine español. La industria y la propia Academia de Cine se dan cuenta de que este fenómeno es imparable; además sé que Mariano Barroso es consciente de que tiene que introducir otras miradas en el ámbito académico«.

En otro territorio académico —el de la educación— es donde todo tiene que arrancar. Diego Rodríguez, como profesor de la ECAM y de la Carlos III, sabe que la construcción de una plataforma para que el cine marginal deje de serlo pasa, fundamentalmente, por esta vía. «Mi papel como profesor es el de tratar de generar inquietudes en esta misma línea que seguimos nosotros y sostener siempre este discurso. Tenemos que creérnoslo apasionadamente, porque no nos queda otra. Ya solo queda la pasión. Es nuestra vía para hacer ver que la educación de la mirada es fundamental: tenemos que comenzar a consumir este tipo de cine desde pequeños, si no, todo esto no servirá de nada. Ahora nos enfrentamos a un reto mayúsculo, el de toda una generación que no sabemos qué tipo de contenido consume, porque ya es imposible controlarlo. En la era de YouTube ya no hay filtro ni comisariado. Y es muy posible que, en todo este proceso, sea el cine pausado el que salga perjudicado. Así que tenemos que insistir«. Y ellos insisten. Desde los Márgenes. Como un martillo.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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