El cineasta y los cuerpos que hablan

EMapa (2012), Elías León Siminiani se marchaba a la India en busca de respuestas. En aquel acto fundido en romanticismo había dos lecturas complementarias que, puestas en paralelo, componían con mucha exactitud la identidad de la película. La primera pasaba por el cliché, por lo tópica que resulta la idea de irse a la India a buscarse a uno mismo. El empleo de esta topicidad por parte del cineasta, sin embargo, era inteligente. Mapa no habla sobre una persona que se va a un lugar lejano a encontrar algo. Mapa retrocede para retratar algo mucho más fundamental: el propio proceso de la búsqueda emocional. Sus caminos estandarizados, sus rutas inequívocas, su tránsito hacia la perdición. Y ahí entraba en juego la segunda lectura del acto de irse a la India, más ligada a su fuerza como metáfora del propio proceso cinematográfico del autor.

Esa huida de Mapa tenía mucho que ver con el escapismo de León Siminiani de los cauces que lo ataban en su trabajo como director de series de televisión juveniles, de hallar un sendero de libertad creativa en el que experimentar con las formas. La realidad es que logró conseguirlo, aunque a priori pareciese muy complicado. De hecho, este insólito cineasta no sólo consiguió escalar aquella montaña, sino que se ha quedado en su cima. Desde allí nos envía su segundo largometraje documental: Apuntes para una película de atracos. En ella, Elías León Siminiani se desdobla. Su cuerpo y su voz, herramientas fundamentales para la construcción interna de la narrativa de Mapa, se erigen aquí como protagonistas de un modo distinto: ejerciendo como espejo de otro cuerpo y otra voz, la de Flako. La del Robin Hood de Vallecas.

La tesis de este documental —que prolonga esa línea de exploración de la cinematografía española en la que las líneas entre ficción y documental se convierten cada vez en fronteras más difusas, en favor de la priorización de la esencia del cine por encima de dichas categorizaciones— parte del sueño infantil de su autor de rodar una película de atracos. A través de su voz en off —una vez más—, León Siminiani nos aproxima a ese misticismo lejano del género que tanto lo fascina desde que tiene memoria. Así, en el momento en que se encuentra con la imagen de Flako siendo detenido por la policía tras el robo a un banco, aquella obsesión antigua renace de repente. Ahí está el germen de esta película. Sin embargo, Apuntes para una película de atracos se remodela, igual que ocurría con Mapa, a medida que se va pensando a sí misma. Ahí reside una de las claves del cine del cine de Elías León Siminiani: la constante flexión del relato, la perspectiva siempre abierta de la mirada, el ánimo de recolección ante las cosas que se van colocando en su camino.

Otra de las características que aproxima Apuntes para una película de atracos Mapa es su narrativa en dos tiempos. Entonces, la película se dividía entre el un proceso de búsqueda externa —el viaje a India— y otro de búsqueda interna —el regreso a España: Santander y Madrid, cerrando el círculo—. Aquí ocurre algo muy similar, aunque las localizaciones y pretextos sean diferentes. De este modo, León Siminiani articula su película en torno a una primera mitad de documentación y conexión, narrada fundamentalmente desde su perspectiva personal: arranca desde el instante germinal citado previamente; después nos conduce a través de todo el proceso de contacto con Flako, la descripción de sus reticencias y el camino que sigue hasta entablar con él una relativa intimidad. Progresivamente, la película va adquiriendo el tono que brotará con fuerza a partir de su ecuador; lentamente, Apuntes para una película de atracos se convertirá en el retrato intimista de los prejuicios intrínsecos a la cuestión de clase. Por eso El Robin Hood de Vallecas se convierte, llegado cierto punto del film, en Flako. A efectos cinematográficos, Elías León Siminiani ha dejado entonces de hablar de un atracador. Ahora habla de una persona.

Este punto de vista humanista, muy ligado a la producción previa de su autor, va acompañado por una serie de ingeniosas decisiones narrativas. Un eje fundamental en la construcción del relato es Ainhoa, la propia pareja de León Siminiani. Echando la mirada atrás, podemos recordar cómo en Mapa —y también en Límites: 1ª persona— también lo había sido: entonces, el relato arrancaba desde la crisis que la ruptura entre ambos abría en la vida del cineasta. Ahora, es protagonista por motivos más felices: al comienzo del film, ambos reciben la noticia de que van a ser padres por primera vez. Este acontecimiento no es trivial en el engranaje de la película, sino que funciona como perfecto paralelismo respecto a la historia que está contando. En fechas muy similares, poco antes de entrar en la cárcel, Flako también es padre. A partir de ese instante, el cineasta empieza a utilizar su propio trayecto vital para emular la vida presente —y la vida posible— del retratado. Ainhoa se introduce en la piel de la mujer de Flako; así se resuelve el espejo.

Al final de Mapa, Elías Léon Siminiani grababa a Ainhoa marchándose con una maleta, mientras ella se lamentaba: “Elías, siempre me haces lo mismo. Me dices que pueda moverme como quiera y luego me mandas quedarme quieta. Como si no te conociera

En el momento en que Flako comienza a recibir sus permisos para salir de la cárcel, el relato del documental se quiebra y la voz de Elías desaparece para dar paso a la del propio protagonista del film, que así se hace cargo de la narración. Entonces, Apuntes para una película de atracos lleva a cabo un importante ejercicio de desnudez y aclara con limpieza su propósito fundamental, que nunca dejó de ser otro que el de excavar en la brecha existente entre el que graba y el que es grabado. Al ofrecer al espectador esa vía de acceso hacia un personaje que, a priori, podría resultar mayormente sórdido y lejano, León Siminiani gira el espejo y nos lo coloca delante a nosotros. Allí exhibe con crudeza y espíritu redentor algunas de nuestras vergüenzas, de las ridículas tientas con las que solemos acercarnos a personas adscritas a un ámbito social inferior —o superior— al nuestro.

Al final de Mapa, Elías Léon Siminiani grababa a Ainhoa marchándose con una maleta, mientras ella se lamentaba: “Elías, siempre me haces lo mismo. Me dices que pueda moverme como quiera y luego me mandas quedarme quieta. Como si no te conociera“. Él, con su voz en off y todo lo vivido y explorado a cuestas, reflexiona y se dice a sí mismo que quizá sea momento de comenzar a vivir con ese espíritu de Ainhoa, esa ansia de libertad. En Apuntes para una película de atracos se esmera por generar otro hilo de construcción existencial: ¿no tendrán aquellas personas a las que juzgamos como inferiores muchas y valiosas lecciones por transmitirnos? ¿No nos expande el contacto con lo extraño, con lo desconocido, con ese otro que vive en los arrabales de nuestro mundo conocido? ¿No será Elías León Siminiani un cantor de la vida y la esperanza?

Adrián Viéitez

Todas las promesas de mi amor se fueron con 'Cría Cuervos'. Ahora bailo y canto 'La Tarara' alrededor de una pira lorquiana. Si preguntáis por ahí os dirán que soy periodista. Si me lo preguntáis a mí, os diré que no sé muy bien quién soy.

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