El escritorzuelo con la niebla por dentro

Suena la radio. Una actualización de los cortes de radio que suenan en el taxi de Cleo de 5 a 7sirva como tímido homenaje a la gran Agnès Varda—, pero en este caso desembocando en Tú serás mi baby, de Les Surfs, adaptación del tema original de The Ronnettes —con el que iniciaba Scorsese su Mean Streets—. Con esta canción, Jorge M. Fontana nos mece hacia el protagonista de su primer largometraje: Boi, un chófer primerizo de VTC interpretado por Bernat Quintana, quien sostiene sobre sus hombros el peso de la película.

En esta misma secuencia, con los cortes de radio, se nos presentan dos de los temas principales de la película: el idioma y el amor. Rápidamente surgirá, cuando suene su teléfono, la irreconciliable dicotomía trabajo-familia. Boi tiene que ir a recoger a dos clientes asiáticos al aeropuerto. Acaba de comenzar en su empleo y ya llega tarde. Con esto comienza su huida hacia delante.

Michael y Gordon, sus clientes, son una suerte de Sam y Gollum, extensiones de nuestro Frodo que tiran del personaje y la trama en diversas direcciones. La seriedad y la comicidad se alternan entre ambos mientras repiten una frase que resuena en el interior del protagonista: “We can trust you, right?”, resumen de la prueba a la que se somete: ¿es capaz de ser depositario de la confianza de los demás? ¿De asumir todas las pruebas a las que nos somete la vida adulta? ¿Podemos quedar bien con todo el mundo y darles lo que esperan de nosotros sin decepcionarlos?

Boi (abreviatura de Baudillo, por cierto) se ve atrapado en una rueda de BMW que gira a toda velocidad por las calles de Barcelona en función de las necesidades y caprichos de sus clientes. No es más que una mosca atrapada en la telaraña que conforman las órdenes contradictorias de sus diversos superiores. Un solo de trompeta solitaria y excéntrica que teme tanto a la responsabilidad que implica la familia como a la responsabilidad que implica el trabajo. Teme convertirse en la versión europea de Michael. Teme quedarse solo. Miente para solventar frágilmente los problemas que le van surgiendo. Y el claustrofóbico road trip será un viaje de aceptación: aceptar que no es más que un humano más, aceptarse como pareja, como obrero en servicio del capital y, principalmente, aceptar todas las responsabilidades propias de la vida adulta que tanto teme, perdiendo la inocencia por el camino. Aceptar la verdad.

Fotograma de ‘Boi’.

Volvamos al comienzo de la cinta para recuperar otro aspecto crucial para definir al personaje: es novelista. Su primera obra ha sido rechazada por una editorial. Boi siente que ha fracasado en el que es su sueño, igual que se siente fracasado en su realidad laboral. Jorge M. Fontana aprovecha esta faceta del personaje para dar concesiones a monólogos poéticos. Y en su viaje de aceptación debe comprender por qué su novela no funciona. Qué falla en su ser para no haber cumplido las expectativas.

A lo largo del filme, apreciamos diferentes referencias explícitas a David Lynch. Al fin y al cabo, ¿quién mejor para tomar como ídolo cinematográfico de cuya obra beber? A lo largo del metraje, nos cruzamos con imágenes que remiten desde Eraserhead hasta Carretera perdida —y, si nos ponemos a rebuscar en esa influencia, la imagen de Boi conduciendo con su traje puede recordarnos a la primera aparición del agente Dale Cooper en Twin Peaks. Pero hay una diferencia vital entre estos dos personajes: Dale Cooper es el traje desde un principio —son indivisibles en ese momento, no cabría imaginarlo de otra manera—, mientras que Boi, en el momento en que se nos introduce el personaje, ni siquiera lo lleva puesto. Se lo pone porque es su trabajo, pero no lo siente suyo. Trata de negar que su obligación sea su realidad, y que él y su traje tienen que ser uno.

Valoración general de la película: estamos ante un sólido primer largometraje. La banda sonora de El Guincho, percusiva y electrónica en la mayor parte de la película, nos guía de forma casi siempre acertada en nuestra travesía junto a Boi por las calles de Barcelona. La habilidad de Jorge M. Fontana —quien también firma el guión— para hilvanar momentos drámaticos y cómicos denota una madurez fuera de lo habitual en un debutante. Conviene, pues, seguirle la pista a este cineasta.

Eloy Gurucharri

Eloy Gurucharri

Tengo un tatuaje de Ingmar Bergman y dos de Los Simpson.

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