El rastro fantasmal de la América soñadora

En algún momento del siglo XX, los Estados Unidos hirieron de muerte al mundo occidental. El sueño americano, el esparcirse paulatino de las cenizas de la esperanza, la llama ímproba del deseo se encendió en las entrañas del primer mundo. La publicidad, los carteles de las carreteras y la televisión diseminaron una sensación equívoca de haber alcanzado un punto de estabilidad económica generalizada. Estábamos bien: faltaba estar mejor. El límite era el cielo. Y las consecuencias de esa creencia no se hicieron esperar, latentes en una generación, la crecida en los años 60 y 70, que se desarrolló a sí misma con los sueños quebrados. Uno de esos jóvenes fue Bruce Springsteen, que en 1978 escribió, en Racing in the street —una de las canciones más tristes de la historia del rock—: «cuando la franja se apaga, echamos carreras en las calles / desde las carreteras de fuego hasta la interestatal / algunos chicos dejaron de intentar vivir / y empezaron a morir, poco a poco, uno a uno». Pero, ¿qué son los Estados Unidos más allá de todo ese plástico? Ana Ramón Rubio, cineasta valenciana, se sumerge en esa pregunta y encuentra a aquellos americanos de la era previa a los sueños, a los americanos alejados de las interestatales. Y se lanza con Almost Ghosts, un documental sobre la América de la Ruta 66. La América de los que nunca se rindieron, de los que siguieron viviendo.

«Es un viaje muy icónico, muy mítico…», Ana Ramón habla de esa Ruta 66, que desde hace varias décadas es ya objeto de culto, lugar de tránsito turístico. No lo olvidemos: antes de eso fue «una arteria, la única carretera a través de la que la gente podía desplazarse de un lugar a otro. Alrededor de 4.000 kilómetros. Ocho estados». Después llegó la modernidad. Y en la Ruta se quedaron vagando las personas aferradas al mundo anterior, a la América que no necesitaba lanzar sus expectativas a lugares desconocidos. «Eran los hijos de Las uvas de la ira; los herederos de la Gran Depresión. Toda esa gente emigraba del este al oeste en busca de un futuro mejor. Son la historia de los Estados Unidos: ellos son los que verdaderamente tratan de preservarla».

Almost Ghosts nace de casualidad, con Ana Ramón Rubio planeando sumergirse en la Ruta 66 como turista. «Buceando de un sitio a otro por Internet, YouTube me recomendó un vídeo. ¡Las cookies! Y allí apareció un grillao tocando la guitarra en un local destartalado en Erick, Oklahoma. En la zona central de la ruta». Era Harley Russell, el líder —y único miembro, tras el fallecimiento de su mujer— de la banda Mediocre Music Makers. Él lo grita sin complejos: «Pensamos que aquí todo era mediocre, así que ¿cómo íbamos a llamarnos? ¡Los músicos mediocres! Tenía que ser así». Ana se quedó enganchada del personaje de Harley. «Era una persona fascinante. A partir de ahí, de encontrarme con él de casualidad, empezó todo. Nos obsesionamos, empezamos a buscar otras historias… y ahora tenemos una película«.

Este despoblamiento rural parece irremediable. No sé cuál sería la solución, porque todos queremos salvar los pueblos pero, al final, todos nos mudamos a las ciudades

Los otros protagonistas seleccionados para trazar la retrospectiva de Almost Ghosts sobre la Ruta 66 fueron dos emblemas de la misma. En Red Oak II, Missouri, el documental se encuentra con Lowell Davis, que sostiene un pueblo creado por él mismo como alternativa a la gran ciudad del mismo nombre, como si una fotografía de tiempo se tratase. «La gente se acerca allí para ver la antigua tienda de su abuelo, la tienda de sus padres. Es ya el último resquicio, el último intento de salvar la memoria y la historia de tu vida y de tu familia. Porque es la historia de América, sí, pero también es la suya propia. Es su identidad», explica Ana Ramón. Al otro lado de la ruta, concretamente en Seligman, Arizona, se descubre el personaje de Ángel Delgadillo, un barbero nonagenario que resulta ser el principal promotor de la iniciativa que llevó al propio gobierno estadounidense a reconocer a la Ruta 66 como un trazado de valor histórico. «Yo no sé si él será consciente de todo lo que ha conseguido, pero es que es así: Ángel Delgadillo ha cambiado la historia».

Son personajes eminentemente solitarios, del este al oeste: Lowell Davis, Harley Russell y Ángel Delgadillo. Un artista plástico, un músico y un barbero; tres personajes muy diferentes que, sin embargo, vertebran ese propósito de sostener el pasado, de proporcionarle un puente para acceder a nuestra vida presente. «Es cierto que reciben muchos visitantes durante el año, pero lo cierto es que, más allá del turismo, viven en una soledad tremenda», cuenta Ana Ramón Rubio. Viven como despojados de la realidad. Y hacen que permanezca algo que, sin ellos, se extinguiría ya para siempre, absorbido por el ciclón de la realidad moderna. Después de ellos, quién sabe. «Ya no solo es que las generaciones posteriores no tengan el sentimiento de pertenencia que ellos mantienen. Es que dudo mucho que tuviesen siquiera su capacidad para atraer a la gente. Su carisma. Date cuenta: el 99% de la gente que va a Seligman, por ejemplo, lo hace para conocer a Ángel Delgadillo. Para hablar con él, para que les cuente anécdotas. Cuando ellos no estén… no sé qué pasará con este legado. Creo que, en cierto modo, ya son eternos. ¡Al menos para nosotras!»

Ana Ramón Rubio y Celia Riera -directora de fotografía de ‘Almost Ghosts’-, durante el rodaje.

Almost Ghosts es el primer largometraje de Ana Ramón Rubio en la dirección, y también el debut en el largo de Cristina Vivó como productora. Ella suscribe la pretensión de su compañera de proyecto: «Pretendíamos, más que exhibir la parte turística de la Ruta 66, mostrar esa esencia de pueblos devastados, abandonados, solitarios». Así, la cámara se recrea en esos parajes derruidos, símbolos de un pasado poblado, puros espacios de melancolía. Y nos impacta, claro que nos impacta. Porque hace ya décadas que Estados Unidos proyecta sobre occidente. Lo hablábamos al principio: nos tiene a todos heridos. «¡El cine y la música!», exclama Ana Ramón, que asumió Almost Ghosts como el proyecto más personal de toda su carrera. Y también como un punto de ruptura, para ella que venía del mundo de las webseries.

El regusto final combina la exaltación de haber descubierto a esos héroes silenciosos que preservan el pasado con la inevitable y amarga sensación de estar frente a un proceso imparable. «Este despoblamiento rural parece irremediable. No sé cuál sería la solución, porque todos queremos salvar los pueblos pero, al final, todos nos mudamos a las ciudades«. Ana Ramón Rubio, Cristina Vivó y todo el equipo de Almost Ghosts han puesto su semilla, conste. Tras su estreno en la SEMINCI, ahora arrancan un recorrido sinuoso, algo así como su propia Ruta 66. «Me gustaría ver la cara que ponen en Estados Unidos cuando vean que llega una cineasta valenciana a contarles algo sobre una cosa que está tan presente en su identidad. ¡Es como si a mí viene un americano a contarme algo sobre las Fallas!» Desde Missouri, desde Valencia o desde Oklahoma, lo que hace Almost Ghosts es arrojar luz sobre el pasado. Es, en cierto modo, algo similar a lo que hacen Harley, Lowell o Ángel. Evitar que aquellos que construyen nuestra identidad se conviertan en fantasmas. Lograr que, de momento, sean solo casi fantasmas. Que no es poco.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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