Isabel de Ocampo: “A las mujeres nos han secuestrado el sexo, primero las religiones y ahora la industria sexual”

Al principio, el agua no tiene forma. En los manantiales nace libre, limpia, como un chorro inesperado de desatada imaginación. Después llegan los cauces. Así va el agua entre las paredes, estrecha como mandan las leyes de los ríos. Observa, mientras, el verde lejano, el verde imposible. El verde del que la separan los muros de su realidad. Como el agua nacemos nosotros, primero libres, pronto atados en firme. Nos coge el médico del interior de nuestras madres, nos hace llorar y nos dice: serás hombreserás mujer. Simone de Beauvoir se empeñó, mediado el siglo pasado, en definir la idea occidental de mujer. Pero, ¿qué es ser un hombre? Y, lo que es más importante: ¿por qué nadie nos hace esa pregunta? Isabel de Ocampo quiere quebrar ese silencio pactado. Para ello, presenta Serás hombre en la SEMINCI.

La cineasta salmantina ya exhibió en Evelyn, su debut en el largometraje de ficción —por el que recibió una nominación al Goya a mejor dirección novel—, un marcado interés por las historias de opresión sistemática que ejerce el sistema de carácter patriarcal sobre las mujeres. “Cuando hice la película conocí a muchos hombres que estaban relacionados con la prostitución. Estaba bastante horrorizada escuchándolos, pero tenía que hacerlo, y tenía que hacerlo sin juzgarlos. Así que pensé que tenía que lograrlo. Tenía que conseguir que un proxeneta se pusiese delante de la cámara para poder profundizar en el perfil psicológico de esas personas”. Ese fue el origen de Serás hombre, un documental que parte, al igual que Evelyn, del ejercicio abusivo de poder que se lleva a cabo de hombres a mujeres en el mundo de la prostitución, pero que también trata de expandir su mirada mucho más allá.

Todas las campañas sobre violencia de género me parecían insultantes. Siempre colocaban el foco sobre la víctima. Escuchaba a hombres hablar sobre denuncias falsas, las cuales son mínimas, un porcentaje casi invisible. Decían que no todos los hombres son maltratadores. ¡Claro que no lo son! Pero lo que desde luego no existen son 600 denuncias diarias de hombres maltratados por mujeres”. Isabel de Ocampo llegó a la conclusión de que, ante las cifras, era absurdo negar que existía un problema. Así que decidió profundizar en los motivos que pueden llevar a los hombres a hacerlo. “Quería abordar el problema de la violencia de género pero fijándome en los hombres, en las ideas estancadas que explican el poder que llevan a cabo”, explica.

Y esto me lleva a otro tema, que por cuestión de espacio y tiempo no he podido incluir en el documental: el de la pornografía, el de lo rentable que resulta mantener a un hombre constantemente excitado. Hay que desmontar la idea de que los hombres, si tienen una erección, no pueden pensar en otra cosa

Así, decidió cambiar el foco y presentar un documental en el que la práctica totalidad de las voces son masculinas. “Buscaba reflejar el daño que el propio machismo lleva a cabo sobre los hombres. Es cierto que a las mujeres no se nos permitía tener deseo sexual, pero a los hombres no se les permitía tener sentimientos. Las depresiones clínicas fueron descritas según testimonios exclusivamente de mujeres en el siglo XIX. Los hombres no podían sufrir: era símbolo de debilidad y falta de hombría”. Así que Isabel lo tuvo bastante claro: “Ha llegado ese momento. El momento de hablar del sufrimiento de los hombres. Sobre todo, de la violencia que ejercen sobre sí mismos en el plano emocional”.

Para hacerlo, logró su objetivo principal: que un proxeneta se prestase a hablar para ella. El elegido fue Rafa, que ya había trabajado de cerca con Isabel de Ocampo para la realización del guion de Evelyn, en la cual el personaje del dueño del prostíbulo está basado en él. “Era un calco suyo y él se vio reflejado. Fue un bofetón de realidad. Decía que se había dado cuenta de que estaba siendo un hijo de puta. Así que a mí lo que más me interesaba de él no era el detalle de las cosas que contaba, sino el proceso psicológico que había llevado a cabo para entrar en contacto con esas emociones. Pensé que quizá eso se podría extrapolar”. Porque ese, al fin y al cabo, es uno de los poderes del cine: “Los modelos que diseñamos en lo audiovisual, los personajes que creamos, todo ello genera un impacto en el mundo“.

La mirada expansiva de Serás hombre no se detiene, sin embargo, en el mundo de la prostitución, sino que busca recorrer todos los estratos de la sociedad en busca de las raíces antropológicas de la hombría. “Sabía que era un volumen de trabajo ingente, porque es una ideología de la que llevamos impregnados desde hace milenios“, explica Isabel, quien reflexiona en su película en torno a la idea de la paternidad como un elemento que “resulta ser un invento de la modernidad. Estamos asistiendo al fascinante primer momento en la historia de la humanidad en que los hombres están cuidando de los bebés, y aún así sigue estando muy mal visto. Hace poco, de hecho, un presentador de televisión británico estuvo criticando una imagen de Daniel Craig llevando un portabebés”. ¡James Bond haciendo de padre! ¡Qué cosa inconcebible!

El artista de performance Abel Azcona, en un fotograma de ‘Serás hombre’.

A través de esa figura ausente del padre entra en el film el artista de performance Abel Azcona, hijo, como él mismo lo define en Serás hombre, de “un putero que abusó de una mujer en la calle“. Y de Azcona viaja a las propias aulas, donde introduce a un personaje irreverente por inusual: un padre que se dedica por completo a cuidar de su hija pequeña. “Ser padre es una nueva oportunidad de ser hombre, de serlo de otra manera”, explica Isabel de Ocampo. Y entonces da entrada a otro elemento base en el discurso de su documental: “Ha llegado un momento clave de la historia en el que los hombres deben asumir que el sexo sin protección tiene consecuencias. Antes eso era una cosa de mujeres, se nos decía: ¡oye, que ese chico solo quiere aprovecharse de ti! ¿Cómo que aprovecharse? Querrá disfrutar del sexo, ¿no? A las mujeres nos han secuestrado el sexo, primero las religiones y ahora la industria sexual. Y esto me lleva a otro tema, que por cuestión de espacio y tiempo no he podido incluir en el documental: el de la pornografía, el de lo rentable que resulta mantener a un hombre constantemente excitado. Hay que desmontar la idea de que los hombres, si tienen una erección, no pueden pensar en otra cosa”.

Al lanzar esta pregunta de qué es ser hombre, Isabel de Ocampo confiesa haber recibido una respuesta hostil, negativa. “Desde fuera se ve como una pregunta insolente, porque a los hombres os han enseñado que no hay que darle explicaciones a una mujer”, señala la cineasta, que traza un paralelismo con el caso de transexuales y homosexuales: “La estructura de estas convenciones es siempre la misma: la de la no aceptación de la diferencia. Primero, porque los estereotipos son cómodos psicológicamente, para mantener ordenadita tu realidad; segundo, porque es tremendamente rentable económicamente. El patriarcado está muy ligado al sistema económico. Los valores masculinos que tradicionalmente se han considerado positivos son los de la dominación, la conquista, la colonización… pero todas estas estructuras hay que cambiarlas. Hay que hacerlo, porque se sustentan en la explotación de los débiles, y, por ende, de las mujeres”.

En ese sentido, señala a los centros de poder como los primeros que necesitan ponerle nombre a las cosas, puesto que “no se puede cambiar algo que no se nombra antes”. Por ello, incluye en el documental al expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, como promotor de la primera ley contra la violencia de género en España. “Esto no se sabe, pero es verdad: muchos países están interesados en esa ley y en cómo aplicarla. Es algo que ocurre a nivel de embajadas. Es una ley mejorable, claro, pero fue la primera capaz de definir la violencia de género, cosa que mucha gente no sabe lo que es”. Para Isabel de Ocampo, lo fundamental es “verbalizar las cosas, definir con la palabra exacta lo que está ocurriendo en las sociedades. Se habla siempre de denunciar, de denunciar y de denunciar, pero no se presta atención a la raíz del problema. Es una cuestión de modificar el foco. Pasa como con el tema de la prostitución, en el que todo el debate se centra en si las mujeres quieren o no quieren, cuando la verdadera pregunta es: ¿Por qué un hombre querría pagar por mantener relaciones sexuales?

Serás hombre, pues, pretende regar ese verde imposible al que el agua de los ríos no soñaba con llegar. Pretende expandirnos, desembocar: llegar por fin a mar abierto, dejarnos flotar en libertad.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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