José Esteban Alenda: “A veces el amor es un misterio, otras una condena”

No sé a qué inhóspito presente nos ha traído el paso del tiempo, pero miro alrededor y no puedo evitar pensarlo: cada vez la gente se siente más incómoda frente a una historia de amor. Es posible que la deriva del propio romanticismo haya colaborado, con toda esa parafernalia plástica hollywoodiense que se ha encargado de fagocitar el asunto. Pienso, sin embargo, que atacar al fondo en lugar de a las formas nunca es de recibo. El fondo somos, en última instancia, nosotros mismos, o las cosas que nos componen, que esculpen nuestra identidad emocional. Así que escupir sobre el amor es, qué duda cabe, escupir sobre nosotros mismos. Porque el amor es inevitable, escurridizo, una planta carnívora que nos absorbe. “Nadie escapa del amor. Nadie”. Lo dice José Esteban Alenda, quien, junto a su hermano César, sí se ha atrevido a contar una historia de amor. Ambos estrenan hoy Sin fin en la cartelera española.

Para encontrar el germen de esta historia cabe remontarse a 2012, cuando los hermanos Alenda regresaban del festival de cortometrajes de Medina del Campo. Hablando en el viaje de vuelta, César le lanzó una premisa a su hermano: “Empezó a hablarme de qué pasaría si pudieses viajar en el tiempo para arreglar el daño que hiciste a la persona que más querías“. Fue un detonador. A partir de ahí, comenzaron a construir una historia que partió “desde la ciencia-ficción” para ir convirtiéndose, progresivamente, en un ejercicio de intimidad. “Contamos con Javier (Rey) desde 2012, porque ya había trabajado antes con nosotros. María (León) se incorporó poco después. Para nosotros era fundamental trabajar con ellos dos, construir el guion en torno a ellos, tanto que, si te fijas, el propio libreto utiliza como símbolos algunos rasgos físicos de la propia María, como sus ojos“.

Para los hermanos Alenda, lo básico a la hora de enfrentarse al reto de construir un vínculo emocional en pantalla era “crear intimidad entre ellos. El reto máximo era que el público entrase, que se creyese la química que hay entre ellos”. Y hablando de plástico, otro de sus objetivos fundamentales era alejarse de esas historias que pretenden dulcificar un proceso que es, por definición, sacrificado y bello al mismo tiempo. “Sin fin no te muestra solo el lado luminoso de las historias de amor. Lo hace, sí, pero también muestra la oscuridad, las miserias del amor“. La película viaja precisamente entre ambos puntos: de la caricia inocente a la mirada ausente; de la ilusión primeriza al bloqueo de una rutina sin salida.

Nosotros perdimos a nuestro padre y nos dimos cuenta de que no reaccionábamos llorando desconsoladamente. De que el dolor no está ahí. Está en los detalles: en una silla vacía, por ejemplo. En las miradas

“Queríamos contar la historia en dos tiempos: ese pasado emocionante y el presente más duro. Así, el espectador puede trazar mentalmente todo el arco emocional que ambos personajes recorren desde un momento hasta el otro. Cómo evolucionan, cómo se transforman sus características. El personaje de María sufre una evolución tremenda; el de Javier rompe por completo en el momento en que le pide perdón. Perdón por no haber estado, por no haberla acompañado en sus sueños. Para él, que nunca ha sido una persona en contacto con sus emociones, alcanzar ese punto es una transgresión brutal”.

Los hermanos Alenda se detienen precisamente en ese punto: en las diferencias en la construcción de la personalidad de cada uno de los protagonistas, en las grietas que inevitablemente, con el paso del tiempo, se van abriendo entre ellos al darse cuenta de que quizá el otro no sea todo aquello que uno esperaba. “María malinterpreta la personalidad de Javi cuando lo conoce. Él hace una referencia al color de sus ojos como algo totalmente racional, como un dato, y ella lo interpreta como un gesto romántico. Está siempre a la expectativa de que ocurra algo especial. Pero eso no ocurre, porque Javi no es esa persona. Así que para nosotros era importante dignificar el papel de María y otorgarle esa ambigüedad emocional: en el presente, ella quiere estar con Javi, pero no con ese Javi alelado, egoísta, obsesionado con su trabajo”. Nos enamoramos, pues, de formas misteriosas: “La idea era esa, mostrar un proceso de enamoramiento de dos personas de mundos muy alejados“. Porque el amor no es una cosa que tenga fácil explicación.

Sin fin tampoco pretende explicarlo. “No pretendíamos hacer una película que fuese una guía del amor, no somos gurús. Solo queríamos contar la historia concreta de estas dos personas enamoradas, y hacerlo a través de los detalles, que creemos que son aquellos lugares en los que más se expresa. Nosotros perdimos a nuestro padre y nos dimos cuenta de que no reaccionábamos llorando desconsoladamente. De que el dolor no está ahí. Está en los detalles: en una silla vacía, por ejemplo. En las miradas. Por eso la cámara no se separa de los rostros de Javi y María. Porque con sus gestos expresan más de lo que con palabras podríamos contar”. Querían, eso sí, adentrarse en esa dualidad del sentimiento: “A veces, el amor es un misterio. Otras, sin embargo, puede ser una condena“.

Es curioso, porque se trata, al mismo tiempo, de una experiencia compartida y también individual. Es compartida en el sentido obvio, pero también es individual ya que, al final, cada uno acaba construyendo su realidad particular dentro de la propia relación

El film se articula alrededor de la idea del perdón, de las segundas oportunidades. De la lucha por revertir los errores ya cometidos. Para ello, los hermanos Alenda echan mano de la metáfora de la máquina del tiempo. “Para ellos, al tener ese recurso, sí existe una segunda oportunidad. Un amigo me contó hace un tiempo que a él y su pareja les pasó algo parecido, aunque sin máquina del tiempo, claro. Pero parecido. Estaban atravesando una crisis y decidieron marcharse, acompañados por otra pareja más joven, a un lugar en el que habían sido felices tiempo atrás. Viendo a la otra pareja encontraron el reflejo del amor que todavía sentían el uno por el otro. Se reencontraron con aquel sentimiento que creían perdido. Cuando existe un amor tan fuerte, acabas aferrándote como sea“.

Uno de los elementos más fascinantes del amor para José Esteban Alenda es su dualidad. Su doble vertiente. “Es curioso, porque se trata, al mismo tiempo, de una experiencia compartida y también individual. Es compartida en el sentido obvio, pero también es individual ya que, al final, cada uno acaba construyendo su realidad particular dentro de la propia relación”. Y si esas dos realidades acaban separándose demasiado, las grietas pueden hacerse insoportables. Por eso Javi viaja en el tiempo de la mano de los hermanos Alenda. En busca de ese amor imposible. De ese amor sin fin.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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