La misma música, la misma casa

Agus Barandiaran amalgama en su propio presente largas décadas de tradición vasca. Miembro de la banda de música folk Korrontzi, Barandiaran se encarga, desde 2004, de tocar la trikitixa —también conocida como acordeón diafónico vasco—. Además, su familia poseía una fortísima columna vertebral en forma de caserío: a lo largo de muchas generaciones, los antepasados de Agus residieron en esa vivienda que no sólo es memoria individual, sino también colectiva. Y es que nuestras formas de vida pasadas describen en buena medida, la pura esencia de nuestra forma de vivir hoy. No hace falta irse hacia lo esencial para darse cuenta de que, en lo que se refiere a Agus Barandiaran, esa herencia de la tradición está inscrita en sus rutinas actuales. Quizá por eso no deja de resultar irónico que sea él, que vive ligado a la cultura vasca, quien vea cómo su caserío familiar es derribado para la construcción de una carretera. Que su historia grita a voces es algo que percibió ágil Joaquín Calderón. El resultado: Basque Selfie.

“Agus Barandiaran es un leitmotiv de la cultura vasca y justo a él le han tirado el baserri. Esta era una historia que debía ser contada. La vida es así”. Joaquín Calderón está influido hasta la médula por el espíritu fílmico de Abbas Kiarostami desde que, años atrás, asistió a un curso de inmersión en la cinematografía del director iraní. Hoy continúa prendado. Como contraprestación, organizará —en Estudios Melitón, entre el 30 de mayo y el 8 de junio— un curso similar en torno a la filmografía de otro de los cineastas fundamentales de Irán: Asghar Farhadi. En buena medida impulsado por la voz de Kiarostami, Calderón se lanza en Basque Selfie hacia la grieta entre el cine documental y el de ficción. “Él hablaba de trabajar con actores profesionales o con actores naturales, creando una historia alrededor del personaje central. Aquí, el actor natural era Agus. De su figura deviene todo lo demás, que en su mayor parte es ficción”.

Fotograma de ‘Basque Selfie’.

Así, Basque Selfie se configura como un tejido ficcionado en torno a la mencionada historia personal de Agus Barandiaran. Joaquín Calderón desdobla su relato a partir de un personaje escrito por él —junto a Izaskun Iturri— e interpretado por Itziar Ituño: el de una periodista televisiva que se aproxima a la historia de Agus y sirve como espejo en tres direcciones. En la capa más superficial, constituye un reflejo del propio autor, en el sentido de que se acerca a la historia del músico de una manera similar a la suya. Adentrándonos un poco más en las entretelas del relato, nos encontramos con un espejo con nosotros mismos, los espectadores, en tanto la sorpresa de la periodista se asemeja en muchos sentidos a la que nosotros percibimos al recibir el influjo de los acontecimientos. Finalmente, el personaje interpretado por Itziar Ituño no deja de ser, como señalaba con anterioridad, un desdoblamiento del propio Agus Barandiaran. Este paralelismo se introduce a través del evento dramatizado que sacude a la periodista: su madre, una cantante apasionada por la cultura tradicional vasca, se encuentra internada en una residencia en un inexorable proceso de pérdida de memoria. Así, tanto ella como Agus deben enfrentarse a la desaparición de un poderoso vínculo con sus respectivos pasados.

De esa manera, Joaquín Calderón también encontró una vía alternativa de reflexión respecto al pasado: la del trato que, como sociedad, facilitamos a las personas mayores. “Ese es un tema que siempre me ha llamado la atención y que ya traté en Caminante, mi anterior documental. Me parece que todos tendríamos que hacer un poco más en ese sentido, dado que es un destino común: si tenemos suerte, todos vamos a acabar siendo mayores y, sin embargo, no hacemos nada por ellos mientras ese tema permanece ajeno a nosotros. Se sabe, además, que la curva demográfica tiende a la formación de una sociedad más envejecida. Pero nos da igual: leemos la noticia, asentimos y continuamos actuando de la misma manera que antes de saberlo. No cambia nada en nuestra forma de proceder respecto a ellos”.

Al final, lo que permanece es esa reflexión costumbrista transformada en relato ficcionado: esa Basque Selfie que busca no sólo abarcar el pasado, sino detenerse un instante en este presente desnaturalizado, transformado en un correcalles de la cultura que abandonamos. Y nos perdemos, claro. Porque en lo esencial, en el latido último, seguimos anhelando la misma música. Seguimos queriendo cantar en la misma casa.

Adrián Viéitez

Todas las promesas de mi amor se fueron con 'Cría Cuervos'. Ahora bailo y canto 'La Tarara' alrededor de una pira lorquiana. Si preguntáis por ahí os dirán que soy periodista. Si me lo preguntáis a mí, os diré que no sé muy bien quién soy.

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