León Siminiani: «Conocer el contexto de una persona es la mejor vacuna contra el amarillismo»

Pensemos un momento en nuestro mundo como si fuese una cebolla. Empecemos a pensar por el final: imaginemos los labios de una persona tras pegar un voraz mordisco a una hamburguesa. Por la comisura de los mismos se escurre el rastro dulce de la cebolla caramelizada, el elemento último, el apasionado resultado de un proceso crudo y lento para llegar al corazón tierno de las cosas. ¡Ay, la cebolla caramelizada! ¿Quién podría imaginar que aquella planta esférica, resbaladiza y seca, podría convertirse de algún modo en ese estallido de sabor? ¿Quién podría pensar que el mundo, esa pura cáscara árida, llegaría a contener la esencia del cariño? Elías León Siminiani pela la cebolla y elabora una guía minuciosa al respecto. Su título: Apuntes para una película de atracos.

Volvamos de momento a esa superficie casi plástica, a la lisa capa exterior de las cosas. Al lugar en el que todo comienza. Cuando el proyecto de esta nueva película se cruzó en la mente del cineasta —al descubrir la existencia de El Robin Hood de Vallecas cuando los informativos se hicieron eco de su detención—, el eco de Mapa, su anterior y hasta la fecha único largometraje, todavía resonaba. León Siminiani se encontraba en busca de proyectos, y aquella fue una luz que se encendió. Era el comienzo de un viaje que, al igual que el anterior, prometía ser largo. «El hecho de que haya terminado llevando a cabo dos proyectos tan a largo plazo quizá hable de dos cosas: por un lado, de mi incapacidad para encontrar la historia que quiero contar de forma rápida; por otro, de mi voluntad porque la vida sea la que dicte la historia, y que no ocurra al revés«.

«En este caso, supe desde el principio que iba a ser un proyecto largo». El Robin Hood de Vallecas ingresó en prisión, con lo que sus primeros acercamientos se llevaron a cabo en la propia cárcel, cuya política restringía el empleo de cámaras en el interior. «Sabía que, para filmarlo a él, tendría que esperar tres años como mínimo. La idea de inicio fue aprovechar ese tiempo para ir conociéndolo a él, así como para poder investigar al máximo su caso a través de la información a la que pudiese tener acceso, bien a través de su testimonio o de la policía. Cuando él estaba a punto de salir, se produjo una crisis con Mariela —la mujer de Flako, apelativo que León Siminiani coloca a El Robin Hood de Vallecas—: le dijo que tenía que elegir entre ella y el documental. Me quedé sin mi protagonista y sin su entorno, que para mí era fundamental. Pasado un tiempo, fue él quien volvió a llamarme para decirme que teníamos que retomarlo. Que aquella era una oportunidad única para él y que no quería dejarla pasar«.

Fotograma de ‘Apuntes para una película de atracos’.

Finalmente, el hecho de que la desenvoltura de la cebolla de Apuntes para una película de atracos se extendiese —igual que ocurrió en Mapa— a lo largo de tanto tiempo fue clave para que la vida proporcionase al cineasta los propios giros para su película. «En Mapa, cuando sucede lo del accidente, la gente solía preguntarme si me lo había inventado. Pero no: es algo tan sencillo como que, si esperas lo suficiente, la propia vida termina por construir tu guión. En esta película sucede algo muy similar cuando se produce el último golpe en el banco de Doctor Esquerdo, mientras Flako ya está en prisión. Ahí el tema vuelve a adquirir relevancia pública, y él sale a la palestra como sospechoso. Cuando eso ocurrió, nosotros ya estábamos cerrando la película. Volvimos a abrirla; aquello no podía quedarse fuera del documental«.

En esa flexibilidad constante, ese juego entre cine y realidad, se encuentra quizá una de las claves de la producción cinematográfica de Elías León Siminiani. «De algún modo, siempre estoy buscando que la vida me proporcione esos giros. En ese sentido se podría decir que, pese a hacer documental, pienso casi como un guionista de ficción. Lo que yo hago podría definirse como una ficción sin invención«. Esa búsqueda de los rincones inexplorados del territorio entre la ficción y el documental podría vincularse con una minera excavación hacia la libertad creativa, la libertad fílmica. «Más que en el documental, donde yo hallo libertad es en la no ficción. En el documental también existe una cierta ortodoxia, una unión con un tipo de cine observacional, de cine directo en el que yo no me muevo. Dentro de lo que yo hago hay mucha voluntad de jugar a hacer películas y… no diría de experimentar, porque tampoco es eso, pero sí de ser bastante libre a la hora de levantar el relato. En ficción, al menos en mi experiencia, esa libertad es menor».

La voz en off, en este tipo de películas, es mi mayor herramienta como cineasta. A la mitad de Apuntes… se la cedo a él. Le dejo que sea él quien guía el relato

A su alrededor, lanza flechas de amor a Agnès Varda, Ross McElwee o Chris Marker, entre otros nombres a los que recita como los ingredientes de un plato de Elías León Siminiani. Con todos ellos comparte ese empleo del rol del cineasta como elemento narrativo dentro de la estructura del documental. «Hace años, yo construía más pegado a mi propia experiencia. Ahora ya no lo veo de una manera tan estricta, sino que me comprendo a mí mismo como una herramienta: yo estoy en los sitios, yo hablo con la gente, yo filmo las cosas. Es una herramienta muy valiosa de la que no voy a prescindir porque desde cierta perspectiva se pueda ver como un ejercicio vanidoso. Yo no lo vivo así».

En efecto, la experiencia personal del propio autor es el eje fundamental de la narración en Mapa. En Apuntes para una película de atracos, sin embargo, el foco se coloca en un lugar distinto. No sé qué hago escribiendo esto yo mismo cuando podría colocaros aquí mismo lo que me contó León Siminiani al respecto. Sí, creo que haré eso. «Mapa parte de una necesidad vital. Entonces, estaba viviendo un proceso terapéutico personal muy intenso y quise hacer una película con todo ello. Apuntes… no tiene nada que ver; aquí, toda la parte personal está empleada en un ejercicio de espejo con Flako. Es instrumental: suple también la carencia de no poder disponer de él para la filmación. Por otra parte, también es un elemento de equiparación entre retratista y retratado: yo sentía que él me estaba dando mucho y quise devolvérselo, que él viese que yo también me implicaba en esto en lo personal. Todas las incursiones de Ainhoa —su pareja— y Laura —su hija— tienen que ver con eso». Ahí entra el juego de reflejos de Apuntes para una película de atracos. «Era algo muy evidente. Por un lado, estaba la ausencia física de Flako, de su pareja y de su hijo. Por otro, me tenía a mí mismo, a pareja y a mi hija. Vi claro que entrar a habitar su vida, que meternos debajo de la piel de su familia, era la forma que como documentalista tenía para darle la vuelta al asunto».

Fotograma de ‘Apuntes para una película de atracos’.

Recuperando esa vocación de horizontalidad, aterrizamos en otro de los asuntos centrales de Apuntes para una película de atracos: la exploración del salto entre clases sociales. «Aquí había una voluntad de pasar del yo de Mapa a un  que, sin embargo, acabó convirtiéndose en un nosotros. Y es que ese nosotros para mí era muy importante: yo me acerqué a él como si la historia que iba a contar estuviese estrictamente ligada a la lucha de clases. Después convertí esa lucha en un conflicto. Por último, dejé atrás el conflicto y empecé a pensarlo como un encuentro entre clases. Sin embargo, nunca abandoné el concepto de clase. Para mí era muy importante que no pretendiéramos que no existe esa diferencia. Él no la vive como tal, pero yo sí, y creo que nuestra amistad y nuestro vínculo se tiene que construir desde una conciencia sobre esa diferencia, porque de lo contrario se puede caer en una suerte de condescendencia. Yo soy muy heredero de una forma muy dialéctica de ver la sociedad, y llevo la diferencia de clase muy metida en mi percepción del mundo; no en un sentido clasista por estar yo en una clase privilegiada, sino desde el punto de vista de no aparentar que ese es un concepto anticuado de un orden materialista o marxista que no tiene nada que ver con nosotros. Pienso, de hecho, que todo ese fenómeno globalizadorhorizontalizador de las redes sociales no ha hecho más que consolidar esas distancias«.

Desde esa conciencia de la distancia social, León Siminiani busca construir un relato en el que tanto él como Flako se ubiquen en el mismo escalón, en el que se puedan mirar de tú a tú, de frente. «La voz en off, en este tipo de películas, es mi mayor herramienta como cineasta. A la mitad de Apuntes… se la cedo a él. Le dejo que sea él quien guía el relato. De algún modo, ese es el reflejo formal que encuentro para plasmar esa voluntad de estar ambos en igualdad de condiciones». Tras todo ello subyace otra de las líneas fundamentales de la tesis del documental: el humanismo latente, la necesidad de conocer el contexto detrás de las personas que protagonizan el discurso. «Cuando yo buscaba historias, me encontraba siempre con que la aproximación nunca se lleva a cabo desde el punto de vista de las personas, sino de los hechos. No importa cómo sea la persona, sólo lo que ha hecho. Creo que conocer el contexto de una persona es la mayor vacuna contra el amarillismo de la que puedes disponer, pues cuando conoces a alguien es inevitable que tu titular empiece a temblar«.

Quizá Apuntes para una película de atracos desvíe rápido su mirada de su propio título: no son los atracos lo que a un humanista heredero de Pasolini como Elías León Siminiani le interesa. A él su estómago lo obliga a querer conocer al atracador. A saber por qué hace las cosas que hace, a pensar cosas alrededor de su infancia, de su entorno. A llegar a la cebolla caramelizada, aunque es posible que por el camino acabes encontrándote alguna que otra cebolla roída por los gusanos. La mayor parte, sin embargo, aunque haya que llorar un poquito por el camino, acaban poseyendo un núcleo muy similar entre ellas, igual que ocurre con Flako y el propio Elías. Aunque por fuera pueda parecer lo contrario.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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