Los Goya en corto: ‘9 pasos’ (VII)

Son dos directores, pero funcionan con precisión unitaria. Desde hace más de una década, Marisa Crespo y Moisés Romera amalgaman esfuerzos para hacer vibrar a través de su cine, ajustado —hasta la fecha— al formato del cortometraje. Entre los dos protagonistas de su última película —padre e hijo— existe una distancia que ellos simbolizan a través de su título: 9 pasos. Entre ellos, sin embargo, la distancia no convive. Se hacen llamar M+M filmmakers. Y lo importante de ese seudónimo dual está en la suma. En la confluencia. En la reducción de los 9 pasos que nos mantienen separados de las personas que no nos esforzamos en comprender.

La incomprensión es la raíz. La escasez de empatía, la causa. Marisa y Moisés diseñan, en 9 pasos, el vínculo quebrado entre un padre y un hijo incapaces de entablar una comunicación efectiva. El pequeño tiene miedo a ir al baño, para lo cual debe cruzar un largo pasillo oscuro. Su padre considera que, antes que encender la luz, lo que debe hacer como educador es forzarlo a solventar sus miedos. Enseñarle, aunque parezca agresivo, a enfrentarse a las cosas que lo atemorizan. Por la grieta entre el drama doméstico y el thriller fantástico se escurren estos cineastas que, tras muchos años picando piedra y trabajando con generosidad, empiezan a ver resultados. En el horizonte, su nominación a los Premios Goya y el planteamiento de un largometraje que se titulará… 9 pasos.

De momento, nos quedamos en las distancias cortas.

Fotograma de ‘9 pasos’.

Moisés dice: “A mí no me interesa el terror por el terror. Tanto en 9 pasos como en las pequeñas aproximaciones previas que habíamos hecho hacia el género, siempre lo hemos empleado como una excusa narrativa. Y es que, si te fijas, hemos utilizado casi todos los envoltorios posibles: drama social, comedia, thriller… y casi siempre para hablar sobre lo mismo”.

Marisa continúa: “Siempre nos dejamos llevar por lo que nos apetece hacer en ese momento. Ahora tenemos la sensación de que el thriller nos ha enganchado, pero en términos generales se podría decir que, a lo largo de nuestra trayectoria, hemos permanecido muy inquietos y libres. Nos gusta, ante todo, dejar un espacio de reflexión al espectador… Ya sabes: que, al salir de la sala, se haya plantado una semilla en ellos que los lleve a debatir, a pensar alrededor de lo que han visto. Nos gusta remover las conciencias”.

En 9 pasos todo se comprime. No se sabe muy bien si llega antes la necesidad o la reacción, pero lo cierto es que la escasez presupuestaria sirvió de acicate para que la acción se plantease en un pasillo único, y viceversa.

[acotación. En este punto me hallo a mí mismo ante una disyuntiva que suele asaltarme y se fundamenta en la siguiente pregunta: ¿qué sentido tiene, más allá del tensado del hilo invisible, que el periodista articule pequeños soliloquios cuando cuenta con interesante material de sus entrevistados? Quizá fuese mejor ser un fantasma]

De fantasmas va la cosa: en 9 pasos se intuye una presencia ancestral en la oscuridad de ese pasillo. Sea una figura humana o un símbolo del distanciamiento emocional, estamos seguros de que ahí vive algo. Moisés Romera y Marisa Crespo, de hecho, no pueden apartar la mirada de ese punto. Se aferran al pasillo, a los 9 pasos que separan al niño de su cuarto de baño.

Fotograma de ‘9 pasos’.

Aclara Marisa: “Queríamos que el espectador se centrara en eso, que no se distrajese con otras cosas. Que considerara al pasillo un protagonista más. En la preproducción valoramos, durante un tiempo, si introducir una estancia más. Finalmente decidimos que no, para dejar que el tempo narrativo respirase y la atención no se desviase nunca de ese pasillo“.

Y vuelve Moisés: “Creíamos que, cuando menos mostrásemos, más jugaría todo a nuestro favor. En primer lugar, de esa manera obteníamos una mayor capacidad para oprimir al espectador. Por otro lado, dado que este es un proyecto autoproducido y nuestros bolsillos, actualmente, no son especialmente profundos, la nada nos interesaba mucho. La nada es gratuita de cara a la producción.

Una cosa es el espacio, otra son los cuerpos. Y la clave en 9 pasos está en la interacción entre ambos elementos. Dos elementos ligados, claro está, a través de la puesta en escena de Moisés Romera y Marisa Crespo.

Vuelvo a callarme porque regresa Marisa con cosas que decir: “Ese avance a través del pasillo funciona como un tránsito emocional ya que, al final, acabas dándote cuenta de que el niño que está recorriendo ese pasillo acabará siendo un adulto muy similar al que ahora es su padre, que lo espera al otro lado. Para expresar todo eso, cuidamos especialmente la planificación. Lo bueno de un corto con tan pocos elementos es que te permite estar muy atento a cada mínimo detalle.

Y Moisés la complementa, como si ambos estuviesen hablando mentalmente al mismo tiempo: “Exacto, eso nos permite cuidar la caligrafía cinematográfica, dotar de significado a la altura de los planos, la iluminación, los encuadres y los ángulos como expresión del vínculo entre los dos personajes. Al principio, por ejemplo, aparecen los ojos del niño. Tiramos un poco la cámara hacia atrás y, en ese momento, aparece la mano del padre. En ese momento, no sabes qué viene a hacer esa mano, y el rostro del niño tampoco te lo anticipa. Puede que venga a cuidar, pero puede que venga a hacer lo opuesto. Ahí está el juego”.

Fotograma de ‘9 pasos’.

La nominación al Goya de 9 pasos ha abierto mucho camino a Moisés Romera y Marisa Crespo de cara al largometraje homónimo que preparan. Algunas productoras, de hecho, ya han empezado a llamar a sus puertas.

Marisa aclara: “Es cierto que el proyecto tiene el mismo nombre que el cortometraje, pero será una historia diferente. No queríamos hacer una microcápsula de una película futura. Al final, con todas las historias pendientes que tenemos…”

Y llega Moisés: “Aunque sí es cierto que ambas poseen muchos elementos en común. La protagonista, que en este caso será una niña, también tiene miedo a la oscuridad. También rodaremos en pocos espacios y la tesis partirá del mismo estudio de los vínculos familiares que, por otra parte, recorren todas nuestras películas”.

[acotación II. Como espectador he empezado a plantearme si realmente existe algún tema en el universo artístico que sea ajeno a la familia]

Ahora, los Goya.

Moisés: “Me gusta verlo como el premio a 15 años de trabajo, pero la verdad es que es siempre un poco aleatorio”.

Marisa: “Sí. Lo importante es la visibilidad que nos está dando de cara a la película”.

Moisés: “Claro, al final se traduce en promoción. Al final, los Goya en sí son interesantes como experiencia, pero nos los tomamos un poco como… hacer turismo”.

Marisa y Moisés se van de viaje, pues. Y pronto darán 9 pasos más.

Adrián Viéitez

Todas las promesas de mi amor se fueron con 'Cría Cuervos'. Ahora bailo y canto 'La Tarara' alrededor de una pira lorquiana. Si preguntáis por ahí os dirán que soy periodista. Si me lo preguntáis a mí, os diré que no sé muy bien quién soy.

Un comentario sobre “Los Goya en corto: ‘9 pasos’ (VII)

  • el enero 31, 2019 a las 8:07 am
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    Muchas gracias Adrián. Has conseguido plasmar y sintetizar con precisión quirúrgica la charla que tuvimos. Pero a la vez transmite y emociona. Gracias de nuevo!!

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