Los Goya en corto: ‘Cerdita’ (II)

Los sueños de los niños solitarios están llenos de venganzas imaginarias. Las cosas que durante el día parecen imposibles adquieren, en las noches más luminosas, cierto aspecto tangible. Los niños solitarios sueñan para poder enfrentarse a los miedos de los días. Ese es el rincón en el que el bullying encuentra pausa, en el que los pequeños que durante el día sufren acoso llegan a creerse que pueden ser fuertes, que pueden plantar cara, que nunca más podrán reírse de ellos. Quizá por eso Cerdita, de Carlota Pereda, sea algo así como un oscuro sueño infantil.

El verano después de lanzar Las rubias, Carlota Pereda se encontraba en la localidad cacereña de Villanueva de la Vera. Al ser la franja horaria del mediodía la única que tenía libre, solía acercarse entonces a la piscina del pueblo, prácticamente desierta. Para su sorpresa, comenzó a coincidir siempre con una chica que también iba a nadar a esa misma hora. En su caso, sin embargo, la decisión no era ni mucho menos voluntaria. Ocurría que esa chica sentía vergüenza ante la idea de que las demás personas pudiesen verla en bikini y juzgar su cuerpo. En aquel momento, Mario Madueño —productor habitual de Carlota— estaba decidido a dar el salto al largometraje. Sin embargo, ella apostó fuerte. Quería contar esa historia y quería hacerlo a través de un cortometraje. Mario, evidentemente, cedió ante su convicción. Cerdita ha sido el resultado. Y no se puede decir que la cosa haya salido mal. Después de ganar el premio Forqué y tras ser seleccionado para participar en festivales del prestigio de Clermont-Ferrand o Guadalajara, Cerdita opta al Goya. Y el largometraje todavía está por venir.

Laura Galán en ‘Cerdita’.

El primer paso, claro, fue encontrar a la actriz protagonista, a la actriz que quisiese lanzarse a la piscina —literal y figuradamente— junto a Carlota. El proceso fue largo, pero finalmente la figura de Laura Galán se cruzó en su camino. Fue un flechazo.

—Necesitaba una actriz valiente —dice Carlota.

Valentía le sobra a Laura Galán.

“El guión era prácticamente un desglose de planos de la actriz.
Fue todo muy milimétrico. Se rodó prácticamente el storyboard que teníamos planeado. Necesitaba a una persona que los aguantase. Necesitaba a una chica joven y tardé mucho en dar con Laura. Ella no tiene ningún complejo porque está muy contenta con su cuerpo, se sabe guapa, y muchas veces le consultaba cosas cuando estábamos rodando, sobre cómo se movería…”

En Cerdita, el personaje protagonista —Sara, interpretada por Laura Galán— encuentra un aliado procedente de un universo casi onírico: una suerte de justiciero implacable, un asesino en serie silencioso al servicio de los oprimidos. De ese modo, el relato de Carlota Pereda se tiñe de una ambigüedad moral buscada, pretendida.

—Quiero que la gente, al terminar el cortometraje… se haga preguntas. Quiero que el espectador se pregunte a sí mismo por qué lo que ocurre lo hace sentir bien pese a que, desde una perspectiva moral, está claramente mal.

Para armar esa dislocación moral, Carlota Pereda se sirve de su puesta en escena, partiendo del propio formato del cortometraje, próximo a los 4:3. “Queríamos un ambiente claustrofóbico, y hemos trabajado en esa dirección tanto con Rita —Noriega, la directora de fotografía— como con el resto de apartados artísticos, generando una atmósfera antigua, sucia. Es cierto que la película transcurre en la actualidad, pero jugamos también con eso. Los coches que aparecen, por ejemplo, son coches de hace 30 años. Queríamos dejar claro, en ese sentido, que la diferencia entre este verano y el de nuestras infancias en Extremadura es… escasa. Al menos, en algunos sentidos. En las ciudades, tienes tu barrio y puedes huir de él, pero en los pueblos no hay salida. Todo el mundo se conoce entre sí. La gente que te maltrata es la misma con la que tienes que encontrarte todos los días en el colegio. En un momento me propusieron ambientar directamente el cortometraje en un momento del pasado… pero me pareció que habría sido un error. En ese caso, no habría amenaza presente“.

Fotograma de ‘Cerdita’.

Esa cercanía, esa familiaridad de los pequeños pueblos, jugó también a favor de Cerdita en términos de producción. Carlota Pereda lo explica a través de una anécdota: “A la hora de rodar la escena en la que unos chicos aparecen en un coche y acosan a la protagonista, lo cierto es que yo buscaba un modelo y un color muy concretos. Teníamos el modelo, pero no encontrábamos el color que yo quería. Lo comentábamos con el equipo, comiendo en un restaurante, y resultó que ese era justo el coche de los dueños. Nos lo prestaron al instante. Son cosas que sólo pueden suceder en un ambiente así de familiar, de cercano”.

Pese a que ahora la trayectoria de Carlota Pereda, tras Cerdita, parece proyectarse hacia el largometraje, el aprecio mostrado al mundo del corto sigue latente en sus palabras. Remarca la importancia de la nominación de Madre, de Rodrigo Sorogoyen, para los Premios Oscar. “Es clave que desde la industria y el público se perciba que cineastas ya consolidados como él no tienen reparos en adaptar sus narrativas al formato del cortometraje, ya que habitualmente —con excepciones como pueden ser Javier Fesser o Gracia Querejeta—, en España, una vez un autor adquiere cierta dimensión da la sensación de que su territorio ya debe ser el del largo. Y no tiene por qué ser así. Lo orgánico, lo natural, es que cada historia se adapte a la duración que exige. No dejamos de hablar de películas, al fin y al cabo”.

No dejamos de hablar de películas. Faltaría más.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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