Los Goya en corto: ‘I Wish…’ (VI)

Cada mañana es la misma historia. Coincidimos en el transporte público con gesto matemático y he empezado a desdoblarme en mi imaginación: mientras transitamos inertes, gestionando la distancia como buenamente podemos, dibujo un mundo imposible en el que reducimos el oxígeno que ejerce la función de muralla entre nosotros. Detengo el tiempo, como el protagonista de Big Fish avanzando entre las palomitas tendidas en el aire, y me aproximo por primera vez a tu rostro estático, congelado. Estiro los dedos para tocarte y, como si el mundo recuperase de repente el tiempo perdido, todo se acelera y te pierdo entre la gente. Pienso que no pasa nada, que mañana volveré a verte.

Mañana, mañana, mañana. El rutinario acto de la procrastinación invade nuestras vidas con fuerza devoradora. I Wish…, cortometraje de animación dirigido por Víctor L. Pinel —basado en una idea de Carlos Linares-Rivas Rodríguez y nominado a los Premios Goya—, fundamenta su tesis en ello. Su protagonista, profundamente sumido en el ejercicio mecánico del día a día, vislumbra en una lejanía casi fantasmal la posibilidad de llevar a cabo las cosas que le gustaría hacer. Sin embargo, todo ello late en una profundidad tan última que se encuentra absolutamente dislocada de la realidad práctica. Su rostro no admite filtraciones de vana esperanza. Pero sus sueños no cesan en su percusión.

Carlos Linares-Rivas, alumno de Víctor L. Pinel, propuso inicialmente esa idea dentro del proyecto que, cada año, la escuela ESDIP organiza con los estudiantes de tercer curso. Tras un proceso de selección, el de Carlos fue el concepto que empezó a trabajarse dentro del estudio de animación The Beat 7, perteneciente a la propia escuela. En él se emplearon todos sus compañeros, tutelados por la mirada de Víctor, quien desde el principio se erigió como el director de la orquesta. Y el trabajo empezó a cobrar forma.

Fotograma de ‘I Wish…’.

«Carlos tenía presente su problema. En su mente siempre tiene muchas cosas que quiere hacer y que, sin embargo, nunca acaba haciendo por un motivo u otro. Empezamos, entre todos, a darle vueltas a esa idea, y en cierto punto se sugirió representarla de manera física, desdoblando la propia realidad en dos: la de lo que es y la de lo que desearíamos que fuese. Nos resultaba muy económico y elocuente desde el punto de vista narrativo, pues podías ver cómo la proyección de los deseos del protagonista lo molestaba una y otra vez hasta que él mismo frenaba, se paraba a pensar… y se daba cuenta de que no, de que aquello no era exactamente una molestia«.

El cortometraje se presenta a sí mismo con una secuencia que deja su tesis resuelta: el protagonista camina por el andén del tren, pasando por delante de otras personas. Mientras lo hace, el espectador contempla cómo todos los deseos de esos individuos se manifiestan, provocando distintas reacciones en cada uno de ellos. Víctor L. Pinel lo explica así: «Al final, no hace falta pensarlo mucho para llegar a la conclusión de que sólo tienes una vida, y que no conviene malgastarla negándote a ti mismo tus propios deseos. La vejez es algo que, a nivel personal, me toca profundamente. Me da mucha pena ver cómo mis abuelos se han hecho mayores y no han podido llevar a cabo muchas de las cosas que habrían querido hacer. Para el corto, llegamos a pensar en representar esto a través de la muerte, pero decidimos que no queríamos que ese fuese el tono de la película. Nunca está de más ofrecer algo de esperanza«.

Fotograma de ‘I Wish…’.

Para representar todo esto, la animación se erige como una herramienta ideal. Ese desdoblamiento cromático, de índole prácticamente mágica, sería mucho más complicado de alcanzar a través de la imagen real —y, desde luego, mucho menos accesible para un estudio pequeño—. «Como, en realidad, yo sólo he hecho animación, me cuesta mucho imaginar las historias de otra manera. Las personas que dibujamos estamos acostumbradas a imaginar las cosas de manera mucho más visual, ya que carecemos, por ejemplo, de recursos a posteriori como puede serlo el montaje, que en la imagen real tiene mucho sentido pero para nosotros es algo ligado a la preproducción, ya que no podemos permitirnos dibujar material que vaya a quedarse fuera del metraje«.

Un elemento muy curioso dentro de la planificación de I Wish… es el de su aspecto sonoro. Mientras la parte visual está ejecutada al completo dentro del ámbito de la escuela, toda ella se encuentra cubierta por el manto de In The Next Life, una canción del músico independiente norteamericano John Griffin McKay. «Nosotros, en muchas ocasiones para tener un soporte a través del cual articular el tono de las ideas, solemos emplear canciones tipo, de artistas ya existentes, que después modificamos al crear la música compuesta directamente para la película. En este caso, la realidad es que In The Next Life era el tema con el que trabajamos desde el principio. Llegado ese punto de decidir si la retirábamos del corto, pensamos que sería conveniente contactar con su autor, a ver si teníamos suerte. Él recibió la noticia encantado, dijo que era un honor ser parte de la película y que lo hubiésemos elegido. Nos lo quedamos. Fue una suerte: por contenido, por tono y por duración, la canción nos encajaba a la perfección». In The Next Life es, en muchos sentidos, I Wish…

Mientras en la escuela ESDIP ya se preparan para sus próximos proyectos, Víctor L. Pinel, Carlos Linares-Rivas y todo el equipo de I Wish… hacen una pequeña parada para celebrar el éxito de su película de la mano de los Premios Goya. Pero lo que late, lo que permanece, es el amor hacia un trabajo que exuda pasión: «Nosotros lo que hacemos es dibujar. Es nuestro vehículo, nuestra herramienta para contar historias. Si en el cine de ficción se elige a un actor u otro, una localización u otra… nosotros cogemos el lápiz y dibujamos. Sí, dibujamos». No es mañana, no. El día de la animación es siempre hoy.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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