Los Goya en corto: ‘Kyoko’ (III)

John y Yoko enamorados. John y Yoko desnudos y libres. John y Yoko haciendo estallar a los Beatles. John y Yoko en la Plastic Ono Band. John y Yoko y la revolución. Yoko llorando a John.

John Lennon y Yoko Ono son un símbolo que ondea en la distancia: un inasible dibujo del amor imposible que se incrusta en la mente del que los observa desde la memoria. ¿Qué cosas se esconden detrás del amor mediático? ¿Qué silenciosos dramas quedaron sepultados por el lujo de aquellos días? En las sombras trabajan Marcos Cabotá y Joan Bover, imaginando a John y Yoko dislocados de su exuberante realidad. Pensando a John y Yoko en busca de la hija arrebatada. En busca de Kyoko.

En el imaginario popular vive, como todas esas cosas que siempre se mueven al filo del olvido, lo que ocurrió un fin de semana de 1971 en Mallorca. Entonces, John Lennon y Yoko Ono acudieron en busca de Kyoko, la hija que ella tenía con su anterior pareja, el cineasta Anthony Cox. La mala relación entre ambos había provocado que Cox se distancias de Yoko y no le permitiese ver a su hija. Ella decidió tomarse la justicia por su mano y, acompañada por su nueva y flamante pareja, llegó a Mallorca para llevarse a su hija. Las cosas, sin embargo, terminaron por escaparse de su control.

Fotograma de ‘Kyoko’.

—Cada vez que contábamos esa historia, la gente no se la creía. Pensaba que nos la estábamos inventando. Joan y yo decidimos juntar fuerzas y demostrárselo a todo el mundo. Creemos que es más que una anécdota: es un momento clave que marca el comienzo del tercer y último acto de la vida de John Lennon —explica Marcos Cabotá.

Arrojar luz sobre un lugar oscuro de la biografía de una de las más luminosas estrellas del siglo XX. Ese fue el eje axiomático del que partieron Cabotá y Bover a la hora de lanzarse a dirigir Kyoko, cortometraje documental nominado a la presente edición de los Premios Goya. Una vez inmersos en esa búsqueda, la cosa comenzó a ponerse interesante. Los interruptores empezaron a activarse y numerosos detalles no demoraron su salida a la palestra.

Marcos Cabotá lo plantea todo como un juego. “Es… como cuando juegas una partida al Monopoly. Tiras los dados, caes en la casilla perfecta… El documental se hizo a sí mismo, en cierto modo. Nuestra única pretensión era contar esta historia, la de John y Yoko en busca de Kyoko, de manera humilde. Ni siquiera nos da la sensación de que haya sido un trabajo duro y, sin embargo, ya lo ves: ganamos en Málaga y ahora estamos nominados a los Goya. A veces las cosas… simplemente suceden de cara“. Como en un ejercicio de equilibrismo, Marcos y Joan empezaron a picar piedra sobre la pista que poseían inicialmente. “Mallorca no es una isla pequeña. No era fácil encontrar a todas las personas que necesitábamos para montar el documental. Pero ese era nuestro objetivo principal: encontrar a todos los que hubiesen estado en contacto con John y Yoko durante aquel fin de semana de 1971, ver qué recordaban. Fuimos a programas de radio a hacer un llamamiento. Pusimos anuncios en los periódicos… y logramos encontrar a muchas de esas personas. Te diría que incluso fue más complicada la investigación que la propia realización de la película“.

Marcos Cabotá durante el rodaje de ‘Kyoko’.

Lo que Marcos Cabotá y Joan Bover se encontraron, de hecho, fue a muchas personas que veían aquello como una anécdota lejana. “Ellos se lo tomaron como una sorpresa total. Imagino que muchos de ellos deben contar esa anécdota en Navidades, con la familia… pero nadie les había preguntado por ello. Estaban ilusionados por sentirse parte de la trayectoria biográfica de un personaje como John Lennon”. Además, la historia que narra Kyoko es “una pieza más del puzzle que dibuja la relación de Lennon con la isla de Mallorca. Cynthia, su primera esposa, vivió allí durante casi toda su vida con Julian, el primer hijo de John. Lennon y Mallorca tienen una relación muy especial“.

Algo que sorprendió profundamente a Marcos Cabotá, y que introduce en Kyoko como una de las tesis principales del film, es el contraste en el tratamiento informativo de la vida privada de las estrellas entre aquella época y la actualidad. “Si aquello que sucedió en Mallorca en el 71 sucediese ahora, sería Trending Topic en 35 segundos. ¿Una estrella de esa dimensión raptando, junto a su pareja, a su hijastra? ¡Venga! Una de las líneas de exploración fundamentales del documental es la de mostrar esta dualidad temporal, ese salto entre cómo se trataba una noticia antes y cómo se trata ahora. Es verdad, por otra parte, que la situación sociopolítica en España ha cambiado. Entonces, las noticias se emitían de manera muy vertical. Estábamos en la dictadura. Quizá al gobierno franquista le interesaba que los temas de conversación fuesen otros“.

Después de estar nominado al Goya al Mejor Largometraje Documental con I Am Your Father y de dirigir el largo de ficción Noctem, Cabotá ha regresado —junto a Joan Bover— al cortometraje de la mano de Kyoko. No comprende este paso, en ningún caso, como un retroceso. “Cada historia tiene su tiempo y en ningún momento consideré a Kyoko un paso atrás. Es más bien un reencuentro con un viejo amigo como el cortometraje, una forma de contar historias en la que encuentro mucha belleza. El corto es fundamental en la formación de los cineastas, como ensayo de prueba y error y también por una cuestión de medios, pero es un formato perfectamente válido para cineastas experimentados. Yo le doy la misma importancia que a un largometraje, y quién sabe, quizá en algún momento se acabe poniendo de moda a nivel de consumo. Hasta hace no tanto, la gente tampoco consumía series. Y ya ves ahora lo que está pasando”.

Adrián Viéitez

Todas las promesas de mi amor se fueron con 'Cría Cuervos'. Ahora bailo y canto 'La Tarara' alrededor de una pira lorquiana. Si preguntáis por ahí os dirán que soy periodista. Si me lo preguntáis a mí, os diré que no sé muy bien quién soy.

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