Los Goya en corto: ‘Wan Xia, la última luz del atardecer’ (V)

Esta es una historia partida en dos. Los dos lados de la cortina.

Este es el primer lado. En él vive Silvia Rey Canudo, autora de Wan Xia, la última luz del atardecer. En él vive Chen, su protagonista, un hombre chino de 70 años que vive en una residencia del barrio madrileño de Usera.

—Los estudiantes chinos decían: esto no es España, pero tampoco es China. Esto es una especie de cápsula temporal.

Silvia Rey se adentra en el mundo de Chen, en sus rutinas, en la silenciosa costumbre de un hombre que es la herencia del ideal de la China de Mao, de la convivencia comunitaria y altruista. Este primer lado comienza tiempo atrás, nace con la fascinación de una cineasta por los mundos imposibles.

“A mí siempre me había interesado mucho el barrio de Usera. Me gusta… esa idea de buscar las historias donde lo más probable es que no estén. Buscar una historia debajo de tu casa. Me habían contado que, el día del año nuevo chino, un grupo de personas organizaban un pequeño desfile para la ocasión. Decidí seguirlo con la cámara, y seguirlo, y seguirlo… Cuando las demás cámaras ya no estaban, me encontré en aquella residencia que era una especie de China de ensueño, hiperbólica. Yo trabajo mucho desde los espacios: encuentro el espacio en el que quiero filmar y me gusta comprobar la relación que los personajes mantienen con él. Tiendo, además, a crear una suerte de universos surrealistas a partir de la realidad. Aquí, la mitad de ese trabajo ya estaba hecho. Así que quise ir más allá. Dije: tengo que lanzarme”.

Fotograma de ‘Wan Xia, la última luz del atardecer’.

Este es el segundo lado. En él viven los fantasmas de Silvia Rey Canudo, autora de Wan Xia, la última luz del atardecer. En él habita, además, la sombra de un hombre que ya no está. El rastro de un hombre chino que vive aprisionado en su propio exilio para toda la eternidad. A este lado de las cortinas, las luces son más densas, los colores subrayan su intensidad, el caos parece coreografiado. No existe paz en este submundo ancestral, en esta caverna luminosa que contiene a aquellos deseosos de volver a casa y encerrados para siempre en la distancia. Sostenidos en el tiempo, en la última luz del atardecer.

“Lo observacional es de lo que parto, es… una forma de trabajo y me funciona para generar confianza con los protagonistas. Cuando estuve allí ya se me pasó por la cabeza la idea de que aquel lugar podría contener perfectamente una historia de fantasmas. Y yo, que trabajo mucho con las cosas que voy encontrando —en Wan Xia hay mucho de reciclaje—, empecé a darme cuenta de que los elementos me estaban guiando hacia ahí. Me interesaba, por un lado, contar la historia de Chen, como ese hombre anclado en ideas marcianas de otro tiempo, casi habitante de una utopía; pero quería que el fantasma estuviese allí. Para crearlo, me basé en las conversaciones que mantuve con otros ancianos, entre ellos el que en principio iba a ser mi primer protagonista. En ese momento pensé en qué pasaría si contrapusiese ambas historias, enfrentando así a Chen y al fantasma: el hombre que trabaja por la comunidad frente al hombre que quiere divertirse“.

Fotograma de ‘Wan Xia, la última luz del atardecer’.

La transición entre los dos lados de Wan Xia, la última luz del atardecer busca llevarse a cabo de manera orgánica. “Cuando estábamos montándolo sabíamos que nos la estábamos jugando, pero lo cierto es que el observacional ya lo había trabajado mucho. Quería darle una vuelta a todo. Aquí hay un poco de barroquismo motivado, en cierta medida, por el agotamiento del observacional más puro —pese a que me siga interesando mucho ese estilo documental, quizá el más próximo a la ficción—. Al final, creo que la transición entre ambas propuestas ha quedado tan orgánica que hay personas que ni siquiera se dan cuenta de que estoy hablando de un fantasma”.

Algo late en todo lo dicho previamente: Wan Xia, la última luz del atardecer no se pliega a las fórmulas del documental, sino que juega con los elementos que éste le proporciona y las mezcla libremente con la ficción. “Yo estudié con Isaki Lacuesta en la Pompeu, y muchos de los miembros de esa generación procedíamos de la ficción y quisimos irnos a historias más pequeñas, cotidianas, apegadas a la realidad. A mí, personalmente, me gusta mucho esa manera de trabajar: puedes ir plano a plano, es todo mucho más artesanal. Dentro del documental, claro está, me interesa más esto que lo puramente informativo, que la denuncia o lo periodístico. De hecho, yo empiezo desde lo observacional… pero siempre tiendo hacia otros territorios más propios de la ficción: lo surrealista, lo macabro…”

Quizá los dos lados de Wan Xia, la última luz del atardecer sean un símbolo más de una revolución. Esa cortina roja que separa las luces de las sombras, lo oscuro de la tímida luz del día; ese espacio físico en el que se contienen tan diversas aproximaciones estilísticas… todo ello conduce hacia un aperturismo que huele a libertad.

—Y es que quizá todo esto nos hable de algo coyuntural, de un cambio más grande. De que es posible que hoy, aquí, lo mainstream y lo independiente ya no sean cosas tan distintas.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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