Luis Bermejo: “El rey emérito es una persona a la que me encantaría conocer”

Más de una vez a lo largo de mi vida he escuchado la pregunta que más me aterra en el universo: entonces, ¿el arte para qué sirve? Una de las consecuencias más crudas de la corriente utilitarista que tan profundamente ha impregnado nuestra concepción sociopolítica de la realidad ha sido esa: la de tratar de significarlo todo, de buscar una esencia funcional incluso a aquellas cosas que brotan de algo tan irracional como la emoción. Acostumbro a no tener respuesta para una pregunta de ese calibre, pero si me la hiciesen hoy, acogido al estreno de El rey, de Alberto San Juan y Valentín Álvarez, contestaría que el arte sirve para ser libre. Libre para utilizar tu vida y pensar de la forma en que te apetezca hacerlo. El arte sirve para escapar de las cosas que sirven para algo. Hoy nos escapamos de la mano de Luis Bermejo.

En El rey, Bermejo interpreta nada menos que al rey emérito Juan Carlos I. Ya lo hizo en la obra de teatro homónima que Alberto San Juan estrenó en el Teatro del Barrio, y ahora acompaña al dramaturgo en su vertido cinematográfico. Su unión con este proyecto parte de un elemento muy personal: “La forma de trabajar, la mirada del Teatro del Barrio es algo a lo que permanezco siempre muy ligado. Cuando yo voy a terapia, lo que hago es revisarme a mí mismo. Lo que hacemos en El rey es algo parecido: ahondamos en la voluntad de saber, de preguntarse, ahora que hay muchas cuestiones respecto a la transición y la monarquía que parecen replantearse y que antes, sin saberse muy bien por qué, parecían inamovibles e intocables. Es como si la gente le tuviese fobia a hablar de ellas, como si les tuviese miedo”.

A mí me ha enriquecido mucho encarnar a alguien que todavía vive, y he tratado de hacerlo con altura, con propiedad, sin caer en lo zafio y aproximándome más a ese perfil estilo Rey Lear, de personaje siempre cercano al final, ya en los estertores de su vida y anegado por el miedo

Con ese arriesgado propósito revisionista de reubicar sucesos asumidos por el canon histórico contemporáneo como categóricos, El rey introduce a Luis Bermejo bajo la piel del antiguo monarca Juan Carlos I, quien asumió el trono tras ser nombrado por el dictador Francisco Franco como su sucesor en la jefatura de estado. Ese acercamiento a su figura se lleva a cabo desde dentro, colocándose el intérprete en la ristra de memorias que ocuparían el subconsciente del rey emérito. En El rey, Juan Carlos de Borbón se enfrenta a una pesadilla en la que su pasado viene a visitarlo. “Lo que buscábamos era generar el relato desde un punto de vista más emocional, tratar de hallar la humanidad del rey. Porque la tendrá, ¿no? ¿Cómo no va a sentirse mal una persona a la que no invitan a la coronación de su hijo?

A partir de ese punto, Luis Bermejo reflexiona en torno a la presencia como extraída de la realidad que sostienen los monarcas actuales. “Parece que tienen una humanidad muda, que no se manifiesta. A mí, si me preguntas, me encantaría conocer al rey emérito para saber lo que hay detrás de esa máscara. Siempre nos quedamos en qué es lo que estarán tratando de vendernos, tanto los medios de comunicación como la propia Casa Real, y a mí eso me deja una sensación siniestra de lejanía: parece que los reyes habitan un planeta diferente al nuestro. Siempre se habla de ellos como si fuesen algo que deba interesar a la gente, pero a mí eso me genera muchas dudas. ¿Realmente a la gente le interesa lo que les pase? ¿Sabe acaso la gente quiénes son esas personas?

En su aproximación a la figura de Juan Carlos de Borbón, Luis Bermejo ha sostenido una búsqueda que no perdiese nunca de vista el respeto a la persona que hay detrás de la figura mediática; de hecho, muchas de las frases que él dice a lo largo de la película son extractos literales de cosas dichas por el rey emérito a lo largo de su reinado. “No queríamos caer en la caracterización. Está claro que, al hacer dramaturgia interpretativa, tienes que añadir algunos detalles o pinceladas que te ayuden, a nivel personal, a aproximarte a esa esencia, a ese espíritu que para nosotros tiene la monarquía. A mí me ha enriquecido mucho encarnar a alguien que todavía vive, y he tratado de hacerlo con altura, con propiedad, sin caer en lo zafio y aproximándome más a ese perfil estilo Rey Lear, de personaje siempre cercano al final, ya en los estertores de su vida y anegado por el miedo“.

El teatro es como un amante que no te abandona jamás, mientras que en el cine y la televisión estás mucho más expuesto a las opiniones de los demás

El proceso de traslación de El rey del teatro al cine ha partido de una necesidad expansiva, en primer lugar. “Es verdad que el Teatro de Barrio se circunscribe a una minoría de gente muy inquieta, pero parecía que siempre iban a vernos los que estaban a favor ya de partida. En el cine, como espectador, eres algo más anónimo y puedes enfrentarte a cosas con las que no concuerdas de manera más abierta. Con el cine se llega mucho más lejos, el espectro es mucho más amplio. Es verdad que el teatro te ofrece la posibilidad de asistir a ese hecho efímero, irrepetible, a ese hecho vivo; el cine proporciona más proyección y también nos permitió revisar lo que habíamos hecho“. Una de las complicaciones fundamentales de ese traslado fue la de girar lo suficiente el hecho teatral para transformarlo en hecho cinematográfico. “La película no es teatro filmado. Es verdad que está rodada en un teatro, pero el tono es diferente. En ella hay un cuarto personaje fundamental que es la luz. Es importantísimo atender a cómo la cámara se va introduciendo en el ojo del espectador, a cómo están seleccionados los planos para jugar con esa neurosis de que la cámara se va acercando a los poros de la piel. Esa fue la premisa desde la que empezó a trabajar Valentín [Álvarez], y Alberto [San Juan] comulgó con ella. Queríamos que el espectador tuviese la sensación de no saber dónde está, queríamos crear un espectro sonoro que lo abstrayese todo“.

El rey ha servido a Luis Bermejo, además, para conjugar los dos mundos entre los que transita: el del cine y el del teatro —no sin incursiones intermedias por la televisión—. “El teatro te permite seguir ejercitándote, te permite tener contacto directo con la gente. Es como un amante que no te abandona jamás, mientras que en el cine y la televisión estás mucho más expuesto a las opiniones de los demás. Es verdad que Magical Girl me colocó, por así decirlo, en el mapa del oficio, pero yo nunca he dejado de frecuentar el teatro. En este caso, en El rey, yo sí noté que la cámara se estaba metiendo en lo obsceno, como a veces nos ocurre en escena al estar trabajando en vivo. En muchas ocasiones, era como si perdiésemos la conciencia de estar haciendo cine”.

Su versatilidad lo ha llevado, en este 2018, a protagonizar el último anuncio de la Lotería de Navidad, dirigido por Javier Ruiz Caldera y en el que se hace un homenaje a Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis. “Alguna gente me pregunta cómo es posible que una persona como yo, alguien del mundo del teatro, haya hecho ese trabajo. Yo, la verdad, es que no lo entiendo: ¿estamos hablando de crecer, o de qué estamos hablando?” Hablamos —o habla Luis Bermejo— sobre la libertad. Sobre El rey, sobre Magical Girl, sobre el anuncio de lotería, sobre el cine y sobre el teatro. Hablamos de arte. ¿Que si sirve para algo? No lo sé. Mi pregunta va en la dirección contraria: ¿Hay algo para lo que no sirva?

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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