Nacho Ruipérez: «La corrupción política provoca una anulación de la memoria»

Todos vivimos con una serie de cargas que nos aplastan la espalda al caminar. Son presencias veladas, casi como un matiz cromático de nuestra realidad individual. Con el paso del tiempo, es habitual que esos pesos se vayan superponiendo, uno sobre el otro, hasta que tomamos la decisión cobarde de dejarlos ahí para siempre, como parte intrínseca de nuestra identidad. Y así vivimos, en un constante ejercicio de equilibrismo entre la permanencia y la caída a los pozos de las cosas que nos sujetan a nuestros pasados. Solo hace falta un empujoncito, un ligero toque lateral, un viento racheado que nos coja desprevenidos. Entonces llega el dolor. Entonces llega El desentierro, igual que lo hace en el debut en el largometraje de Nacho Ruipérez.

Este joven cineasta, nacido en Valencia en 1983, se lanzó en 2014 con el que fue su primer gran proyecto como director en solitario. El resultado fue La ropavejera, un cortometraje de terror de época que contó con Ana Torrent en su reparto y arrasó en el festival de cortos de Aguilar de Campoo, en el que Ruipérez se alzó con el premio al mejor realizador. Ese trabajo llamó la atención de Ximo Pérez, productor de La chispa de la vida —entre muchos otros largometrajes—, y terminó haciendo que cayese en sus manos el guión de una película que Nacho Ruipérez había escrito hace tiempo. «Lo cierto es que el primer esbozo viene de muy atrás, de cuando estaba estudiando un máster de guión hace más de diez años. Después, el guión sufrió muchos procesos de reescritura. Estuve trabajando en un hostal durante dos años y aprovechaba los ratitos para darle vueltas, para completarlo, para repensarlo. Y fue Ximo Pérez quien vio la oportunidad de hacer con él una película grande, con un importante diseño de producción. Fue él quien confió en mí».

«A partir de la aparición de ese personaje, hasta el momento enterrado en el pasado, es cuando arranca la erupción del volcán, de una persona a la que le han arrancado el pasado, que quiere encontrar esa parte perdida de su identidad»

Así, la historia de dos primos que navegan hacia su pasado en busca de su identidad empezó a perfilarse, a concretarse. Michel Noher y Jan Cornet fueron seleccionados para interpretar a los dos protagonistas: Jordi y Diego, dos jóvenes de vidas diferentes pero igualmente inmersos en un mundo de soledades y silencios. «El desentierro habla de la reestructuración de la memoria. Es cierto que es una película multitrama en la que caben muchos personajes, pero al final todos giran en espiral hacia el mismo lugar, hacia una persona —Jordi, llegado desde Argentina para el entierro del padre de Diego, su tío— que se decide a recuperar la extinta figura de su padre, Pau —interpretado por el actor argentino Leonardo Sbaraglia—, desaparecido décadas atrás. Y es que nadie sabe si puede estar vivo o muerto».

La acción se desencadena cuando, en el funeral, los dos primos se encuentran con Vera, desaparecida junto a su madre Tirana, una mujer albanesa de la que Pau se enamoró— y al padre de Jordi. «Él, al verla, se pregunta: ¿si ella está viva, por qué no iba a estarlo mi padre? Así que a partir de la aparición de ese personaje, hasta el momento enterrado en el pasado, es cuando arranca la erupción del volcán, de una persona a la que le han arrancado el pasado, que quiere encontrar esa parte perdida de su identidad».

Michael Noher y Jan Cornet.

Y es ahí cuando entra en juego el vínculo paternofilial entre otros dos personajes: Diego, un joven y solitario escritor; y su padre recientemente fallecido. El difunto, con cuya muerte arranca la película, se revela rápido como uno de los elementos fundamentales para comprender los mecanismos narrativos de la historia. Influido por su vinculación con el mundo político, Félix Montaner acaba viéndose envuelto en el caso que termina resolviéndose con la desaparición de su hermano Pau junto a Tirana y Vera. «Ahí entra la parte de la corrupción política, que lo que hace es provocar una completa anulación de la memoria. Pero me interesa también cómo funciona el personaje de Félix en ese sentido: es uno de los antagonistas pero al final, cuando se da cuenta de que se ha dejado llevar por la ambición y de que él mismo es víctima de sus propias decisiones, sufre un proceso muy interesante. A mí me emociona mucho la escena en la que se encuentra con su hermano: al final, eso y ninguna otra cosa es lo que nos queda siempre. Es todo lo que tenemos».

Así, El desentierro fluye entre el thriller político-criminal y el melodrama familiar. Para lograr el equilibrio entre ambos géneros, Nacho Ruipérez quiso focalizar esfuerzos en obtener un tono muy definido para su película. «Queríamos algo muy atmosférico, capaz de llevar a cabo ese retrato de la soledad de los protagonistas. Los referentes venían servidos, ya que somos muy seguidores de los hermanos Coen: No es país para viejosMuerte entre las flores… Y al principio, el espectador está desorientado, porque es cierto que Jordi comienza la búsqueda de su padre, esa búsqueda tan valiente hacia el pasado, pero no acaba de quedarte claro si lo quiere hacer. Uno piensa a veces si realmente quiere encontrarlo, y por qué no ha hecho nada en los últimos 20 años para desenterrar todo esto«.

«Para El desentierro hemos trabajado siempre desde nuestra conciencia colectiva, desde nuestro ADN. Así que sí: inevitablemente, esta es una película sobre la identidad, sobre la anulación de la memoria»

Para contar la historia de El desentierro, Nacho Ruipérez parte la narración en dos tiempos. «No queríamos utilizar el flashback de manera demasiado clásica: queríamos que las dos historias, las de los padres y las de los hijos, sucediesen de forma paralela; buscábamos generar una estructura como de matrioska en la que la narración empezase en lo superficial para ir, en cada uno de los dos tiempos, descendiendo progresivamente hacia el centro. Si te fijas, ese es el mismo recorrido que llevan a cabo los protagonistas en busca de la verdad. Y es que el espectador va siempre subido a ellos, porque buscábamos precisamente eso: que fuese algo compartido, que fuese posible engancharse al camino de los personajes».

Todo ello, en busca de la propia identidad. «El tema de la memoria histórica está, de hecho, muy presente en estos dos países, tanto en España como en Argentina. Para El desentierro hemos trabajado siempre desde nuestra conciencia colectiva, desde nuestro ADN. Así que sí: inevitablemente, esta es una película sobre la identidad, sobre la anulación de la memoria». Y, sobre todas las cosas, sobre el proceso catártico y doloroso que lleva a su desentierro. Al desentierro de quiénes fuimos y de quiénes nos negaron poder ser.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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