Nicolás Pacheco: “‘Jaulas’, pese a su nombre, es una película que ansía la libertad”

Todos tenemos nuestras jaulas. Todos vivimos detrás de unas láminas que nunca nos atrevemos a quebrar, de unas paredes invisibles que nos oprimen y que constituyen, de una manera u otra, los límites de nuestra realidad. En esa idea germinó el punto de partida desde el cual el cineasta Nicolás Pacheco (Sevilla, 1980), comenzó a construir el castillo en el que se ha convertido su primer largometraje de ficción, que toma prestado el título de esa concepción original: Jaulas. El siguiente punto en su diseño transcurrió un escalón más arriba, insertado en la reflexión de que, si bien es cierto que todos compartimos ese encarcelamiento en algún sentido, algunos barrotes están esculpidos en materiales más inquebrantables que otros.

Pero volvamos al principio, al periodo gestacional. Habiendo dirigido antes una serie de cortometrajes —Detrás del maíz, A naide o Preludio entre ellos—, Pacheco centró sus esfuerzos en el calmado, lento proceso de idear un guión a prueba de balas. “El camino fue largo, se extendió a lo largo de muchos años. Yo quería hacer una primera película que tuviera fuerza, personalidad, carácter. ¡Iba a ser mi carta de presentación! No podía hacer cualquier cosa”. Así que trabajó, durante las tardes de tres años, en la escritura del libreto de lo que sería Jaulas. “Estos procesos siempre son difíciles y se alargan en el tiempo, y yo lo único que tenía en mi mano era la opción de escribir un buen guión. Sabía que era la única manera que tenía de abrirme puertas”. Una vez terminado, quiso contactar con Antonio Pérez, de Suroeste Films. “Por el estilo de algunas cosas que había producido antes, tales como Solas, de Benito Zambrano, sabía que podía gustarle. Él también es andaluz y creo que compartimos una sensibilidad similar. Sin embargo, mi recomendación para aquellos cineastas que están comenzando y buscan abrirse camino, como yo trato de hacerlo, es que blinden un guión. Que escriban algo a lo que nadie le pueda meter mano. Eso nadie puede pararlo“.

Y así nació Jaulas, un largometraje narrado a modo de fábula, casi en un beso con el realismo mágico latinoamericano y, aún así, muy próximo a la sensibilidad española y, en concreto, andaluza. Nicolás Pacheco ubica su historia en un lugar sin tiempo y sin espacio, en una especie de realidad imposible y, aún así, perfectamente reconocible. “He querido ir de lo local a lo universal, principalmente porque considero que cualquier historia que transcurra en cualquiera de nuestros pequeños barrios, en cualquiera de nuestras ciudades, puede extrapolarse con sencillez a otros países y continentes. Creo que esa es una de las cosas más interesantes del cine: cómo expande, cómo es capaz de convertir algo pequeñito, algo local, en algo que todo el mundo puede comprender“.

Fotograma de ‘Jaulas’.

El tronco argumental del film narra la huida de dos mujeres —Concha y Adela, madre e hija, interpretadas por Estefanía de los Santos y la jovencísima debutante Marta Gavilán— del yugo del opresivo patriarca familiar. A ellas se unen, en la escapada, dos outsiders como Vasile —un inmigrante rumano interpretado por Stefan Mihai— y Antoñito —hermano de Concha y persona con discapacidad mental fantásticamente encarnada por Manuel Cañadas—. Así, Nicolás Pacheco dibuja el cuadro de cuatro personajes cuyas jaulas, que siempre han sido férreas e irrespirables, comienzan a quebrarse poco a poco. “He centrado la historia en un entorno carente de recursos y en unos personajes frágiles para que el conflicto y la necesidad se potenciasen, para subrayar el tono de la película. Sin embargo, y pese a la manera tan brutal y exagerada de exponerlo, con esos ejemplos tan extremos, creo que la metáfora es fácilmente extrapolable a la intimidad del espectador. Creo que es fácil reconocer tus propias jaulas en las de los personajes”.

Todo ello, contado a modo de perpetua huida, de viaje redentor. “Es un trayecto oscuro, capitaneado por una madre que lo único que busca es salvar a su hija de vivir la misma vida que ella ha llevado. Ella misma sabe que es imposible que se salve, porque acumula muchos años en el camino del mal. En una conversación que sostiene con su hermana sobre aquel pasado en el que todavía era libre, se introduce otra de las preguntas clave de la película, que se ve perfectamente reflejada en el personaje de Concha: ¿qué he hecho con mi vida y con mi tiempo?” Sin embargo, la liberación de Concha aterriza de la mano de Adela, el símbolo de una nueva generación que abre las ventanas. “Jaulas pivota, en realidad, alrededor del personaje de la hija. Todas las acciones de su madre y toda la narrativa de la película giran alrededor de su salvación, de su posibilidad de escapar de ese mundo oscuro. Por eso, Jaulas, pese a su nombre, es una película que ansía la libertad”.

Así, la puesta en escena de Nicolás Pacheco trabaja con insistencia en ese contraste entre lo tenebroso y lo esperanzador, jugando con elementos como la iluminación, las texturas y la paleta cromática. En esa fractura entre dos mundos se esconde la puerta de salida, la vía de escape de los pajarillos encerrados. “Creo que, al final, el cine también tiene que ser esperanza. No podemos estancarnos en lo miserable, sino buscar esa luz al final del túnel. Y comprender que la vida es un ejercicio de contrastes. Una sucesión de luces y sombras“. Pero que el camino busque siempre la iluminación. Que se rompan de una vez los barrotes de las Jaulas.

Avatar

Adrián Viéitez

Todas las promesas de mi amor se fueron con 'Cría Cuervos'. Ahora bailo y canto 'La Tarara' alrededor de una pira lorquiana. Si preguntáis por ahí os dirán que soy periodista. Si me lo preguntáis a mí, os diré que no sé muy bien quién soy.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *