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Raúl de la Fuente: "La vida y la muerte son mucho más inmensas en África y América Latina"

Raúl de la Fuente: «La vida y la muerte son mucho más inmensas en África y América Latina»

Era una tormenta de imágenes. Al comienzo de Un día más con vida, la novela periodística de Ryszard Kapuscinski, Luanda se está desmembrando. Los colonos portugueses escapan ante el inminente estallido de una guerra civil. La ciudad entera está llena de cajas de madera cerradas con clavos, dentro de las cuales se acumulan los objetos de valor de los que huyen. Hay algo indescriptible en la escena: un olor, un cariz atmosférico de salvaje densidad. Para el cineasta Raúl de la Fuente, esa imagen delirante fue el detonador definitivo. Tenía que hacer una película sobre Kapuscinski y tenía que hacerla empleando la animación como técnica narrativa. Solo así podría captar lo invisible. El resultado de ese loco propósito llega este viernes a nuestras salas: es Un día más con vida, aunque esta vez no es de Kapuscinski. Es de Raúl y de Damian Nenow.

«Leí Ébano y me reventó la cabeza»: así arrancó el idilio del cineasta navarro con la obra del periodista polaco. Llega hasta hoy: «Siempre que no sabía qué leer, volvía a Kapuscinski. Era como estar en casa. Yo volaba, veía películas mientras lo leía. Lo imaginaba todo en mi cabeza: las localizaciones, los personajes, los bares… ¡tenía que hacer algo sobre él!» Y vaya si lo ha hecho. El origen del proyecto de Un día más con vida se remonta, sin embargo, a hace más de diez años. Fue entonces cuando Raúl y Amaia Remírez, su compañera en Kanaki Films, decidieron ponerse manos a la obra. En 2009, hicieron un primer viaje a Angola para conocer a las personas que realizaron aquel viaje junto a Kapuscinski. «Recorrimos los mismos pasos que él da en el libro. La misma ruta y con las mismas personas. Fueron 40 días de inmersión absoluta en el mundo que él retrata».

Entonces, tocó imaginar la apariencia formal del relato. Una vez en contacto con los personajes vivos que participaron en la historia junto al periodista polaco, el apartado documental estaba encaminado. Quedaba pulir «el look de la animación», en palabras del propio Raúl. Un flechazo lo atravesó al ver Paths of Hate, el cortometraje que Damian Nenow estrenó en 2010. «Estaba ahí: esa apariencia, ese estilo era justo lo que yo buscaba para mi película. Damian tenía esa magia, ese esplendor que yo quería imprimirle a la leyenda de Kapuscinski«. Porque eso es precisamente lo que Raúl de la Fuente quiso hacer desde el principio: construir un monumento en torno a la figura del autor de Ébano, el libro que lo apasionó siendo un niño. Además, quería hacerlo con esa mezcla de formatos inaudita que él mismo ha decidido nombrar como animentary. ¡Animación y documental fundidos! «Se habían hecho cosas, como Vals con Bashir… pero, en esencia, nunca había visto algo como lo que nosotros nos planteábamos. Era algo nuevo».

Precisamente, esa mezcla imposible entre dos formatos a priori antagónicos se enlaza de forma estrecha con la filosofía de Kapuscinski. «Él decía que el sentido de la vida está en cruzar fronteras. En encontrarse con el otro, en romper las barreras preestablecidas«, cuenta Raúl de la Fuente. A él, que viene de Navarra, de Europa, del acomodado mundo occidental, lo que le interesa es entrar en contacto con historias del otro lado. Historias de «personas al límite, en la frontera entre la vida y la muerte». Así, rodó Nomadak TxMinerita, corto documental con el que se llevó nada menos que el Goya. Ahora es el turno de Un día más con vida, que, además de como mitificación de la figura de Ryszard Kapuscinski, también funciona como «homenaje a los civiles que mueren en las guerras». «Quería retratar cómo es la muerte en pleno conflicto: ese morir sucio, individual, en medio de una guerra en la cual estás siendo manejado. Eres un monigote. Me interesaba saber qué se siente cuando estás ahí, bajo las balas, cuando te obligan a matar y a morir«.

Kapuscinski decía que la gente muere dos veces, primero físicamente y luego ya para siempre. Creo que todos queremos dejar huella, que todos queremos un día más con vida. A todos nos jode morirnos

Raúl de la Fuente es consciente de que sus historias siempre se dibujan en los márgenes, en los lugares vírgenes del mundo a nivel mediático. En África y América Latina, particularmente: «Aquello es un far west, es salvaje, es radical: la vida y la muerte caminan en la misma acera, son cuestiones mucho más físicas. Es fácil morir en cualquier momento, mientras que aquí parece que esa posibilidad vive mucho más maquillada en nuestro día a día. La vida y la muerte son mucho más inmensas en África y América Latina. Están delante de ti constantemente. La gente vive y muere de manera radical«. Así que quizá por eso Raúl de la Fuente se vaya siempre tan lejos en busca de historias. Por eso y porque aquí no existen ese tipo de relatos, los que consiguen moverlo, motivarlo. «Yo creo que no podría vivir siempre en esta zona de confort, porque siempre he necesitado una necesidad de expandirme, de trascender mi propia identidad en cada momento. Creo que ese es el mismo motivo por el que decidí tener un hijo».

En ese sentido, el director de Un día más con vida continúa descendiendo hacia sus profundidades, y se encuentra con lo siguiente: «Lo que creo que hay, por mi parte, es una no aceptación del concepto de muerte. Me pasa desde crío: siempre estoy intentando hacer algo que logre que no me desvanezca, algo por permanecer. Es lo que dice Kapuscinski de que la gente muere dos veces, primero físicamente y luego ya para siempre. Creo que todos queremos dejar huella, que todos queremos un día más con vida. A todos nos jode morirnos». En esa batalla perpetua contra la muerte, el temible enemigo común, Raúl de la Fuente esgrime sus armas con fiereza: «Para ello utilizo a personajes luminosos como lo puede ser Kapuscinski, o como los niños. Me interesan las historias de infancia porque son lo opuesto a la muerte: los niños son la vida en su expresión más pura«.

Así que Un día más con vida se erige como un poderoso canto contra el conformismo. Un viento favorable que nos empuja a «recuperar el interés por comprender el mundo y abandonar esas vidas anodinas que se nos ofrecen siempre desde el poder». «La gente me dice: ¿No te cansas de viajar, Raúl? Pero lo cierto es que a mí lo que me cansaría sería no hacerlo. Necesito moverme, comprender las cosas. Para entender este mundo hay que entender también el otro, el que está oculto», explica. Todo ello, siendo siempre consciente de sus propias limitaciones: «Cuando eras joven creías que podrías cambiar el mundo, pero ahora te das cuenta de que modificar el orden mundial con una cámara es una tarea imposible. El mundo sigue su curso», dice Raúl de la Fuente. Pero él también sigue el suyo, el que él ha elegido. Él sigue contando historias olvidadas, desenterrando el mundo oscuro, el mundo sobre el que Kapuscinski trató de arrojar luz. Para que así las sombras no consigan cubrirlo todo jamás. Por mucho que lo intenten.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

2 comentarios en “Raúl de la Fuente: «La vida y la muerte son mucho más inmensas en África y América Latina»

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