Rescatar del olvido el último fracaso

Para contar esta historia hay que perderse un momento en el tiempo. Hay que mirarse en el espejo y ver, en el reflejo de nuestro rostro, la imagen de nuestros padres. Está ahí, silenciosa, habitando cada escondite de nuestra piel. Es una presencia inextinguible, algo tan sustancialmente nuestro que no podría desaparecer a menos que nosotros mismos lo hiciésemos. Somos nuestros padres de una manera en la que jamás llegaremos a fundirnos con otro ser humano. Hay un misticismo extraño en ese vínculo paternofilial, un hilo áureo que nos conecta. Y desde ahí, desde ese hilo, es desde donde podemos empezar a contar la historia de El último fracaso.

En 1990, el cineasta Antonio Aguilar Vicente comenzó a rodar lo que, entonces, se pensó como una futura serie de televisión. Dicha serie contaba la historia de Julio Medina, un aspirante a director de cine que trataba, por todos los medios, de conseguir distribución para una película en la que había depositado todo su dinero y esperanzas. Julio estaba interpretado por Juli Mira, que a la postre se convertiría en un popular actor dentro del panorama cinematográfico y televisivo valenciano, y a quien todavía pudimos ver este mismo año en Formentera Lady, cinta dirigida por Pau Durà. Su compañera a la cabeza del reparto de la serie era la joven actriz Anabel Sol, quien se encargaba de interpretar a Lola, la esposa del protagonista. Y es con Anabel Sol con quien comenzó el final del recorrido de El último fracaso como serie de televisión.

Ocurrió lo siguiente: en mitad del rodaje, la actriz falleció víctima de un cáncer. La tragedia sacudió con violencia el proyecto, que finalmente fue cancelado. Antonio Aguilar decidió cerrarlo como un largometraje, otorgándole un brusco cierre con el que lo dio por finalizado. Y ahí se quedó la película, esperando en una estantería, acumulando polvo. Lejos de la luz durante casi tres décadas. Aquí, querido lector, conviene que nos reencontremos y volvamos a recobrar el sentido del tiempo. Conviene que volvamos al presente. Porque es en él donde esta historia obtiene su broche definitivo. Cojamos de nuevo con fuerza el hilo paternofilial y hablemos del hijo de Antonio Aguilar.

Anabel Sol, a la izquierda, durante el rodaje de ‘El último fracaso’.

Yuri Aguilar creció viendo una película que nadie había visto nunca. Nadie la había visto porque era la película sin estrenar de su padre. Era El último fracaso, así que Antonio Aguilar no volvió a dirigir. Años más tarde, siendo ya profesor de historia del cine, Yuri decidió proyectar la película a sus alumnos. Como experimento. “Les dije que íbamos a ver una película de origen no comercial, sin explicarles nada más. Y les gustó. Me di cuenta de que si a una clase de 50 alumnos de historia del cine les parecía decente, no había motivo para que una audiencia mayor no fuese a pensar lo mismo. Supe entonces que teníamos que estrenarla”.

Además de ser profesor de cine y politólogo, Yuri Aguilar preside Aguilar Cinema, una empresa de restauración fílmica, coleccionismo, reparación de equipos e incluso proyección de películas —cuentan con una sala privada en la que se proyectan la práctica totalidad de los formatos fotoquímicos disponibles—. El de El último fracaso ha sido su debut en la distribución, porque ha sido básicamente él quien se ha encargado de todo. “La película estaba postproducida, sonorizada y con los títulos de crédito, pero estaba en un cajón. No quería dejar pasar la oportunidad, porque sentía que, si esperábamos mucho más, estrenarla iba a perder el sentido. Quería hacerlo ahora, cuando la mayor parte de los actores siguen vivos. Hemos remasterizado la banda sonora y hecho la mezcla de voces de nuevo, además de modificar dos planos en los que la película estaba muy dañada. Por lo demás, el trabajo duro ha venido después”.

“Esto involucró a mucha gente. Mi padre se dejó aquí mucho dinero. Así que sacar la película adelante es un homenaje a todos los creadores y los directores que arriesgamos un patrimonio para poder hacer una película”

Y es ahí donde las trayectorias de Juli Mira y de los Aguilar se cruzan. Lo hizo, en 1990, con la del padre, que no fue capaz de sacar a la luz su película. Y lo ha vuelto a hacer, en 2018, con la del hijo. “Llamaba a los cines y les decía que tenía un largometraje. Les preguntaba si querrían ponerlo. Las respuestas eran de todo tipo, desde a mí me ha gustado pero no encaja en mi programaciónes que ya hay demasiadas películas. Yo lo entiendo, entre estrenar nuestra película y una de Warner, siendo exhibidor, no tiene mucho sentido plantearse la elección. Hice una lista e iba tachando, exactamente igual que hace Julio Medina en la película. Hubo cines que no me cogieron el teléfono, y otros que me trataron mal. A algunos tuve que decirles que no me hablasen mal, porque yo no lo había hecho”.

Al final, Yuri Aguilar logró que El último fracaso se proyectase en salas de cine. De momento, sin embargo, han sido pocas. “Estamos haciendo un estreno escalonado. En Valencia irá también al circuito de reestreno, e intentaremos que se hable de la película todo lo posible para que pueda tener un recorrido más largo. Porque esto no solo es una película, es un acto de valentía y de justicia. A mí me contactaron revistas de cine, ¡ofreciéndome paquetes publicitarios! ¡Revistas que ni siquiera han hablado de la película! Esto, entre otras muchas cosas, me ha servido para conocer las cloacas de la prensa de cine, de la crítica cinematográfica”. “¡Por qué no hablar de un estreno con una intrahistoria tan curiosa! Es cierto que a la película se le notan las costuras: fue rodada en 4:3 porque aquel era el formato que se empleaba entonces en televisión, y hemos decidido ser fieles a él. Y el cierre es brusco porque, en la serie original, se había planteado todo lo que ocurre en la película como el preludio para algo mucho mayor. Estaban contratados Agustín González y Enrique de Francisco para aparecer como el ministro al que Julio trata de chantajear y su número dos. ¡Imagínate esto con ellos! ¡Habría tenido mucha más repercusión! Pero hay una cosa que sé, pese a todo: esta película no da vergüenza ajena. Si lo hiciese, no la habría sacado. Esta es una producción de madurez, en la que se puede ver perfectamente que mi padre había crecido como cineasta”.

“Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite”. Con esta cita del Lazarillo de Tormes resume Yuri Aguilar el objetivo principal del lanzamiento de El último fracaso. “Esto involucró a mucha gente. Mi padre se dejó aquí mucho dinero. Así que sacar la película adelante es un homenaje a todos los creadores y los directores que arriesgamos un patrimonio para poder hacer una película“. Y en medio de una marea de gente preguntándose por qué se siguen haciendo películas, él lo tiene claro: “¡Es que puede ser que a alguien le interese! Puede ser que alguien vaya al cine y diga: ¡Esto es mejor verlo que no verlo!” Una canción amarga pero también esperanzadora sobre todas las películas que siguen durmiendo en los cajones de mucha gente.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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