Telmo Esnal: “A veces se nos olvida que el cine empezó siendo mudo”

Las palabras se disipan con el viento. Llegan los cuerpos, arrastrados por la arena. Se yerguen y comienzan su ritual danzarín. El lenguaje corporal domina la escena en Dantza, el último y más personal largometraje dirigido por el cineasta gipuzcoano Telmo Esnal (Zarautz, 1967). Sus encuadres están recorridos por las figuras de sus dantzaris, de los bailarines ancestrales que cuentan la historia a través de sus movimientos. Una historia transida por el paso del tiempo; un recorrido por el anhelo de los espacios extintos. Un abrazo a las raíces del pueblo vasco y una celebración de la danza y el cine como lenguajes ajenos al verbo y, de cualquier manera, perfectamente válidos para narrar la historia del mundo.

Recapitulemos: Dantza es, efectivamente, una cinta muda que emplea el baile como método expresivo. Esnal, que procedía del territorio de la comedia, tenía la convicción de llevar adelante este proyecto tan particular y ligado a su propia biografía: “Yo bailé hasta los 20 años, y pertenecía al grupo de dantzaris que aparece en la película. Dejé de bailar cuando me fui a Madrid, y hace mucho tiempo que tenía ganas de contar una historia a través de la danza tradicional. Aquí aúno mis dos grandes pasiones: el cine y la danza“.

Encender el motor de Dantza no fue fácil, como no podía ser de otra manera dadas las características de la película y las de la industria cinematográfica española. “Sabía, antes de empezar, que todo iba a ser muy complicado. Lo que no sabía es que lo fuese a ser tanto. Era un proyecto caro y complejo técnicamente; también resultó verdaderamente difícil planificar el rodaje dada la escasa disponibilidad de los dantzaris. Esto se debió a que ninguno de ellos se dedica a ello de forma profesional. No existe, de hecho, una disciplina profesional de la danza tradicional vasca como tal. Así, aunque el resultado sí es profesional, podría decirse que todos ellos son dantzaris amateurs, puesto que viven de otras cosas. De ese modo, sólo podíamos rodar en festivos y fines de semana. También era fundamental rodar intermitentemente, dado que el guión exige que todas las estaciones aparezcan en la película. Sin embargo, y sabiendo todo el trabajo que nos ha costado llegar hasta aquí, creo que Dantza es la primera película de mi carrera que, viéndola a posteriori, me hace sentir verdaderamente tranquilo con el resultado“.

Yo siempre digo que el idioma es una pista de la banda sonora de una película, y aquí es una pista que yo retiro, pero tienes todas las demás

Telmo Esnal

La idea de enmudecer por completo su relato y jugárselo todo a la danza atravesó la mente de Telmo Esnal a través de Juan Antonio Urbelz, coreógrafo de la película, con quien se reunió al principio del proyecto, cuando Dantza daba sus primeros pasos de baile. “Entonces, yo no sabía qué película quería hacer. Sin embargo, cuando empecé a hablar con él, me abrió un mundo tan alucinante y me regaló unas imágenes tan poderosas que me dije a mí mismo que tenía que tirar por ahí. Que tenía que contar las cosas baile a baile. No necesitaba nada más. A veces se nos olvida que el cine empezó siendo mudo y tiene su propio lenguaje. Yo siempre digo que el idioma es una pista de la banda sonora de una película, y aquí es una pista que yo retiro, pero tienes todas las demás, con toda la fantástica banda sonora compuesta por Pascal Gaigne. Y tienes la danza. A través de esos lenguajes, hemos tejido esta historia”.

La danza es el medio y, de algún modo, también el fin que persigue la película de Telmo Esnal. A través de las coreografías —cuya dirección artística corre a cargo de Koldobika Jauregi—, Dantza recupera la tradición vasca, siempre ligada a este tipo de danzas de alguna manera. “Lo que lanzo constantemente son teorías respecto al origen de estas danzas. Ocurre que ellas explican un poco la idiosincrasia del pueblo vasco, de cómo ha sido la comunidad hasta hace muy poco“. Sin embargo, en este proceso expansivo que ha sido la realización del largometraje, Telmo Esnal ha hecho también un ejercicio de humildad que lo extrapola todo: “Danzas como esta, o al menos similares a ella, están presentes en toda Europa y Asia. Si vas rascando y quitando idiomas, lo que te queda es la simbología, y resulta que ésta es más o menos la misma en todas partes: la lucha por tener una buena cosecha, por prosperar, por buscar la prosperidad en las relaciones personales… todo eso es universal. Cuando bailaba, pensaba que nosotros, en Euskadi, éramos especiales, pero danzas como la nuestra están presentes alrededor de todo el mundo. Es algo tan primario… que es necesariamente antiguo. Es como lo primero, la expresividad más física”.

Fotograma de ‘Dantza’.

De cara a construir una historia alrededor del baile, Telmo Esnal ha seleccionado en torno a 20 danzas particulares de todo el imaginario vasco, compuesto por una cantidad ingente de ellas. Su objetivo era ser capaz de gestar una narrativa conceptual a través de ellas. “Estamos muy acostumbrados a ver actuaciones en las que los bailes se suceden, uno detrás de otro, sin que exista un hilo entre ellos. Yo he querido conjuntar varias coreografías para que, en lo global, vayas contando una historia. Cuando buscas hacer esto, tienes que apoyarte en todos los elementos a tu disposición: unas buenas localizaciones; un vestuario ajustado a lo que quieres contar, como el preparado por Arantxa Ezquerro; una banda sonora en la que ya no sólo la música, sino todos los elementos sonoros contribuyan a que cada momento se integre en la narrativa conceptual de la película. En el fondo, lo que siempre he buscado es hacer una película bella. Una película con la que el espectador se sienta atrapado, porque esa es nuestra principal arma: tener buenos dantzaris, una buena puesta en escena y un artefacto visualmente potente. Quería crear algo muy atmosférico, algo que te permitiese acceder a ese mundo mágico que propongo”.

Actualizar la concepción social de la danza tradicional era otro de los propósitos fundamentales de Esnal a la hora de lanzarse a rodar Dantza. “Hablamos de danza tradicional como si nos refiriésemos a algo que está ahí, estancado, cuando resulta ser algo muy contemporáneo: yo bailaba algo de lo que desconocía su procedencia, pero lo estaba bailando en ese preciso instante. Hay que aprender a mimar lo tradicional, pero también a actualizarlo de forma coherente”. Su ruptura como cineasta en Dantza, así como su participación en Handia dentro de la segunda unidad de dirección, desvelan en Telmo Esnal a un nuevo autor a tener en cuenta dentro del fascinante panorama cinematográfico vasco. “Hemos conseguido hacer visible nuestro cine. Lo de Handia el año pasado fue un fenómeno sin precedentes, y sería muy extraño que volviese a suceder algo así. Sin embargo, a nivel de llegar al público ha sido complicado. Pese a todos los Premios Goya que ganó, Handia hizo unos resultados de taquilla mucho más discretos de los que haría cualquier otra película con tantos galardones. Pero vamos de camino. La parte buena: llega gente nueva. Llegan ideas nuevas”.

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Adrián Viéitez

Proyecto imágenes en mi cabeza para salvarme de mis ojos.

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